Temen por el deshielo

El deshielo pondrá a prueba la infraestructura hídrica de Calingasta e Iglesia en la cordillera de San Juan

La acumulación de nieve en la cordillera abre una oportunidad después de años de sequía, pero también obliga a mirar el verano con otra lógica. Calingasta aparece como el punto más sensible por sus tomas, canales, defensas y puentes; Iglesia suma una extensa red de riego, cauces de montaña y antecedentes recientes de crecientes que ya dañaron accesos. El Comité de Crisis anunciado por el Gobierno tendrá sentido si transforma la alerta en obras, monitoreo y decisiones antes que el deshielo llegue
sábado 22 de agosto de 2026 | 0:00hs.
Cordillera de los Andes nevada vista desde Barreal.
Cordillera de los Andes nevada vista desde Barreal.

Hay una precisión necesaria para entender dónde puede aparecer el problema. Barreal y Tamberías no están sobre el río San Juan propiamente dicho: el curso central del valle es el río de Los Patos, que más al norte recibe al Castaño y recién entonces forma el San Juan. Iglesia pertenece a otro sistema: el río Blanco y los arroyos que atraviesan el departamento alimentan el embalse Cuesta del Viento y dan origen al río Jáchal. Son dos cuencas distintas, pero comparten el mismo desafío: una cordillera cargada de nieve y una infraestructura que deberá absorber caudales mayores a los acostumbrados en los últimos años.

La nieve acumulada tampoco puede traducirse hoy de manera automática en metros cúbicos por segundo. La magnitud final dependerá de las temperaturas, el viento, la sublimación, las lluvias de primavera y, sobre todo, de la velocidad con que se produzca el deshielo.

Un derretimiento gradual puede ser administrable. Una suba brusca de temperatura, combinada con lluvias, puede concentrar en pocos días un volumen de agua capaz de erosionar márgenes, socavar puentes, modificar cauces y desbordar tomas y canales.

Las obras expuestas

En Calingasta, el primer frente que las autoridades, regantes, con el apoyo de empresas mineras, deben seguir de cerca son las 13 tomas directas que alimentan la red de riego y que la Junta de Riego describió como precarias.

Una creciente puede socavar una toma, desplazar el cauce, colmatarla con sedimentos o dejarla fuera de servicio.

El riesgo se extiende a una red de más de 200 kilómetros de canales, gran parte sin impermeabilizar, donde los puntos críticos son los cruces con bajadas de agua, compuertas, desarenadores y tramos pegados a los ríos.

Los puentes forman el segundo frente.

En Sorocayense y Villa Calingasta ya se advirtió erosión de márgenes. El puente sobre Los Patos en Villa Calingasta, una estructura antigua que este año fue objeto de estudios de capacidad resistente, merece seguimiento específico de fundaciones, estribos y socavación.

En Tamberías, el Puente Los Pioneros es mucho más nuevo, pero su importancia para Hilario, Colón y La Isla obliga a monitorear el cauce y los accesos.

Prevenir no significa afirmar que esas estructuras estén hoy en peligro: significa no esperar a la creciente para saber cómo están.

A eso se suman defensas costeras, badenes, alcantarillas, caminos internos y sectores donde Los Patos, Castaño o el río Calingasta se aproximan a viviendas y áreas productivas.

Allí la amenaza no es solamente que el agua supere una defensa, sino que cambie de dirección por sedimentación o erosión y ataque un punto que durante años permaneció estable.

Iglesia suma alertas

Iglesia llega a este escenario con una señal adicional: el invierno ya mostró la intensidad del fenómeno. En agosto, nuevas nevadas afectaron especialmente a Tudcum, Las Flores, Bella Vista, Angualasto y Villa Iglesia, mientras el hielo volvió a complicar los accesos.

En julio, la Ruta Provincial 405 entre Rodeo y Tudcum quedó intransitable por barro gredoso. Y en enero, un temporal con crecientes llegó a aislar sectores del departamento y se llevó una alcantarilla en Bella Vista. Son antecedentes distintos al deshielo, pero muestran qué infraestructura falla primero cuando el agua baja con fuerza.

La red hídrica iglesiana también obliga a mirar con detalle. En abril, el Departamento de Hidráulica licitó la monda y mantenimiento del sistema de riego del departamento por $118 millones, con trabajos sobre 47 canales y cauces.

La nómina incluye el General Rodeo, General Tudcum, Arroyito Las Flores, Chita, Bajo Angualasto, Buena Esperanza, Agua y cauces vinculados a zonas como Malimán, Chinguillo y Villa Iglesia. El dato es relevante porque permite transformar una advertencia general en un mapa concreto: esos canales, sus tomas, pasantes, alcantarillas y cruces con arroyos deben llegar limpios y con capacidad suficiente antes del incremento de caudales.

El río Blanco y los arroyos Iglesia, Agua Negra, Chita y otros cursos del valle desembocan hacia Cuesta del Viento. Por eso, además de los canales, el control debe incluir puentes y alcantarillas sobre rutas provinciales y nacionales, defensas en Rodeo, Las Flores, Bella Vista, Tudcum y Angualasto, y los puntos donde las bajadas naturales atraviesan zonas pobladas. La reciente acumulación de nieve no demuestra que habrá una inundación; sí justifica revisar ahora cada obra cuya falla pueda aislar una localidad o cortar servicios básicos.

Obras antes del agua

La primera medida que desde distintos sectores se reclama es un relevamiento hidráulico y topográfico actualizado de los principales cauces de Calingasta e Iglesia, con un mapa único de puentes, tomas, canales, alcantarillas, defensas y sectores poblados expuestos.

Con esa base pueden definirse obras de emergencia: limpieza de cauces en secciones críticas, retiro de obstrucciones, refuerzo de márgenes con enrocados o gaviones, reparación de espigones y protección de estribos y fundaciones donde los estudios lo indiquen.

En los puentes, la prioridad es medir socavación y erosión y fijar umbrales de caudal para inspecciones extraordinarias o restricciones de tránsito. En las tomas y canales, hay que completar la monda, reparar compuertas, desarenadores y compartos y asegurar que exista una maniobra de cierre capaz de evitar que una creciente cargada de sedimentos ingrese al sistema.

En los caminos, alcantarillas y badenes debe comprobarse que la sección hidráulica no esté reducida y que haya maquinaria disponible para restituir accesos sin improvisación.

También se necesita instrumentación. Aforos en Los Patos, Castaño, río Calingasta, río Blanco y los principales arroyos de Iglesia permitirían pasar de la percepción visual a decisiones basadas en datos. El monitoreo debería complementarse con pronósticos de temperatura en alta montaña y alertas escalonadas para que municipios, productores, empresas mineras, fuerzas de seguridad y comunidades sepan qué hacer antes de que el caudal llegue a un nivel crítico.

El comité

En ese contexto se entiende el Comité de Crisis anunciado por el gobernador Marcelo Orrego. El esquema reunirá a Hidráulica, Defensa Civil, fuerzas de Seguridad, Fuerzas Armadas, el Ministerio de Familia y otras áreas provinciales y nacionales.

Su objetivo declarado es llegar al período de mayor deshielo con roles definidos. El desafío es que no se transforme únicamente en una mesa para reaccionar cuando aparezca la emergencia.

El comité debería trabajar desde ahora en tres tiempos. Primero, prevención: puntos críticos priorizados, obras con fecha, maquinaria asignada y responsables identificados en Calingasta e Iglesia.

Segundo, alerta: estaciones de aforo, partes de caudal, monitoreo meteorológico y umbrales que disparen inspecciones, cierres preventivos o evacuaciones. Tercero, respuesta: protocolos conocidos por municipios, hospitales, escuelas, juntas de riego, empresas mineras y pobladores, con comunicaciones alternativas y lugares seguros definidos.

La nieve de este invierno puede ser una buena noticia para las reservas de San Juan. Pero esa misma agua obliga a actuar antes.

Calingasta ya mostró dónde están sus debilidades; Iglesia tiene una red extensa y antecedentes recientes de daños por crecientes. El Comité de Crisis puede convertir esa información en prevención real.

La diferencia entre una temporada hídrica favorable y una emergencia no dependerá solamente de cuánto nieve haya en la cordillera, sino de cuánto se haga mientras todavía está allí.