Una realidad que la actividad conoce bien

Sismos y minería: por qué la evaluación sísmica debe estar en toda DIA

Los terremotos registrados durante los últimos meses en América Latina no forman necesariamente una cadena conectada, pero vuelven a poner sobre la mesa una realidad geológica que la minería conoce bien: buena parte de los grandes distritos minerales de la región comparte territorio con zonas de alta peligrosidad sísmica. La respuesta no es alarmar, sino exigir que cada proyecto demuestre, desde su evaluación ambiental, cómo responderán sus obras críticas ante el sismo.
sábado 22 de agosto de 2026 | 0:00hs.

El 20 de agosto, un terremoto de magnitud 6,7 fue registrado en el centro de Perú. Diez días antes, el Servicio Geológico Colombiano había informado un sismo de magnitud 7,4 en Chocó. En julio, el USGS (es el United States Geological Survey, en español es el Servicio Geológico de Estados Unidos) registró un evento de magnitud 7,3 frente a la costa de México y, el 24 de junio, Colombia reportó un sismo de magnitud 7,0 con epicentro en Venezuela. Son episodios distintos, generados en contextos tectónicos diferentes y que no permiten afirmar que exista una “cadena” sísmica regional. Sí recuerdan, en cambio, que América Latina convive con una actividad tectónica permanente.

En el oeste sudamericano, la explicación de fondo está en la subducción de la placa de Nazca bajo la placa Sudamericana. El USGS describe un arco tectónico de más de 7.000 kilómetros desde el sur de Chile hasta la zona de Panamá. Allí se encuentran Chile, Perú, Ecuador y el oeste argentino, precisamente una franja donde se concentra una parte relevante de los proyectos de cobre, oro y litio de la región.

El dato argentino

En Argentina, la discusión tiene una precisión jurídica importante. La empresa minera presenta un Informe de Impacto Ambiental (IIA) y es la autoridad provincial la que, luego de evaluarlo, aprueba o rechaza el proyecto mediante una Declaración de Impacto Ambiental (DIA), de acuerdo con la Ley 24.585 incorporada al Código de Minería.

La DIA debe actualizarse como máximo cada dos años y puede incorporar nuevas exigencias cuando aparezcan conocimientos o condiciones que modifiquen la evaluación original.

Por eso, hablar de “evaluación sísmica en la DIA” significa, en términos prácticos, que el estudio presentado por el operador debe contener la información suficiente sobre amenaza sísmica y comportamiento de las obras, y que la autoridad debe verificarla, exigir correcciones si corresponde y convertir esos compromisos en condiciones fiscalizables.

La referencia técnica nacional es el Instituto Nacional de Prevención Sísmica (INPRES), con sede en San Juan. El organismo mantiene redes sismológicas y de acelerógrafos, produce la zonificación sísmica y participa en el desarrollo del Reglamento INPRES-CIRSOC 103.

Para la ingeniería no importa solamente la magnitud del terremoto: importan la aceleración esperada del terreno, el tipo de suelo, la distancia y características de las fuentes sísmicas, la respuesta local del sitio y el destino de la estructura.

Qué obras se revisan

En una mina no todas las construcciones tienen la misma consecuencia ante una falla. La evaluación debe concentrarse, sobre todo, en las instalaciones cuyo daño puede afectar personas, agua, suelo o la continuidad segura de la operación.

El primer grupo son los depósitos o diques de colas —relaves en Chile—, donde deben analizarse estabilidad de taludes, presiones de poros, deformaciones y potencial de licuefacción.

Chile ofrece un ejemplo contundente: su reglamento de relaves exige definir un sismo de diseño a partir de las zonas sismogénicas, estimar la aceleración máxima en el emplazamiento y realizar análisis de estabilidad que pueden llegar a evaluaciones dinámicas.

También entran en el radar sísmico los botaderos de estériles y escombreras, los taludes de los rajos o pits, las pilas de lixiviación y sus sistemas de contención, presas y reservorios de agua, plantas de proceso, tanques, cañerías y ductos, subestaciones, edificios operativos, campamentos, puentes y caminos internos.

En minería subterránea, además, deben considerarse portales, chimeneas, túneles y otras obras cuya estabilidad sea relevante para la seguridad.

El análisis no se limita a preguntar si una estructura “resiste”. Debe definir el movimiento del suelo para el sismo de proyecto, evaluar fallas geológicas próximas, comprobar la respuesta geotécnica del terreno, estudiar licuefacción y desplazamientos cuando corresponda y establecer qué inspecciones, monitoreos y protocolos se activarán después de un evento antes de reiniciar la operación.

Quién mide los sismos

La región cuenta con instituciones técnicas que generan la información de base. En Argentina lo hace el INPRES; en Chile, el Centro Sismológico Nacional de la Universidad de Chile; en Perú, el Instituto Geofísico del Perú a través de su Centro Sismológico Nacional; en Colombia, la Red Sismológica Nacional del Servicio Geológico Colombiano; en México, el Servicio Sismológico Nacional de la UNAM; y en Ecuador, el Instituto Geofísico de la Escuela Politécnica Nacional. A escala internacional, el USGS mantiene uno de los catálogos de referencia más utilizados.

Esos organismos registran y caracterizan los terremotos. No reemplazan el estudio específico del proyecto. La responsabilidad de traducir esa información a un diseño minero seguro corresponde al titular y a sus especialistas, mientras que la autoridad ambiental y los organismos sectoriales deben comprobar que los criterios utilizados sean adecuados.

En Chile, por ejemplo, el Servicio de Evaluación Ambiental revisa la dimensión ambiental y SERNAGEOMIN fiscaliza materias mineras específicas, como los depósitos de relaves.

Protocolos y simulacros

La ingeniería, sin embargo, cubre sólo una parte del riesgo. Cada proyecto minero debe contar con un protocolo específico de actuación frente a un sismo, adaptado a sus instalaciones, turnos y ubicación. Ese protocolo debe establecer quién activa la emergencia, cómo se comunica la alerta, cuáles son las zonas seguras y rutas de evacuación, qué equipos deben detenerse o aislarse, cómo se controla el acceso a áreas críticas y qué inspecciones deben completarse antes de autorizar el reingreso o reinicio de la operación.

Y debe ser conocido por todos. Personal propio, contratistas y responsables de cada turno tienen que saber qué hacer sin depender de instrucciones improvisadas durante la emergencia. Por eso los simulacros son tan importantes como el documento: deben realizarse periódicamente, involucrar escenarios realistas y, sobre todo, ser evaluados.

Medir tiempos de respuesta, cumplimiento de roles, fallas de comunicación, dificultades de evacuación y desvíos respecto del procedimiento permite introducir correcciones. Un simulacro sin evaluación acredita que se ensayó; un simulacro evaluado demuestra si el sistema realmente funciona.

Certeza antes que alarma

Una evaluación sísmica seria no puede asegurar que un terremoto no ocurrirá ni predecir su fecha. Lo que sí puede hacer es reducir la incertidumbre sobre sus consecuencias. Esa es la certeza que una DIA debe ofrecer: que se conoce la amenaza, que las obras críticas fueron calculadas para escenarios exigentes, que existen instrumentos de monitoreo y que hay protocolos claros, conocidos por el personal y probados mediante simulacros evaluados para detener, evacuar, inspeccionar y reiniciar una operación.

Para la minería latinoamericana, especialmente en la cordillera de los Andes, el sismo no es un evento extraordinario que deba analizarse después de que ocurre. Es una condición de diseño. Y cuanto antes quede explicitada en la evaluación ambiental, menor será el espacio para dudas técnicas, conflictos posteriores y riesgos evitables.

 

Minería & Desarrollo

Fuentes técnicas consultadas: INPRES y Ley 24.585 (Argentina); USGS; Centro Sismológico Nacional (Chile); IGP/CENSIS (Perú); Servicio Geológico Colombiano; Servicio Sismológico Nacional-UNAM (México); Instituto Geofísico-EPN (Ecuador); SEA y SERNAGEOMIN (Chile).

 

 

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