Menos presión sobre las cuencas
La minería del cobre en Chile redujo 7% la extracción de agua continental y aumentó el abastecimiento desde el mar
La minería chilena ofrece una referencia para discutir cómo abastecer de agua a los proyectos argentinos: reducir la dependencia de fuentes continentales requiere inversiones y resultados verificables durante la operación. Esa es la principal lectura que deja el balance de 2025 elaborado por la Comisión Chilena del Cobre, Cochilco.
Según el organismo, la extracción de agua continental cayó a 13,94 metros cúbicos por segundo, mientras el aporte marino aumentó 4,6%, hasta 8,11 metros cúbicos por segundo. El estudio comprende 52 operaciones que representan la totalidad de la producción de cobre fino del país.
El cambio importa porque permite discutir el desempeño ambiental con indicadores concretos: cuánto se extrae, de dónde proviene el suministro y qué proporción vuelve a utilizarse.
Para las comunidades y autoridades, esa información ofrece una base más sólida que una declaración general sobre sustentabilidad.
Sin embargo, una reducción nacional no demuestra por sí sola que todas las cuencas hayan mejorado en igual medida. Evaluar el beneficio territorial requiere conocer dónde disminuyeron las captaciones y cómo evolucionó la disponibilidad del recurso en cada lugar.
Qué dicen los porcentajes
El agua de mar representó el 36,8% del abastecimiento externo, mientras la recuperación y recirculación cubrieron el 72,5% del uso total. Ambas cifras describen aspectos diferentes: la primera identifica el origen de los aportes nuevos y la segunda mide la reutilización dentro de las operaciones.
Por eso, los porcentajes no deben sumarse ni presentarse como partes de una misma distribución. Una operación puede incorporar recursos oceánicos y hacerlos circular varias veces por sus procesos, combinando sustitución de fuentes con aprovechamiento interno.
Esta distinción también evita confundir una menor extracción de agua continental con una caída equivalente de toda la demanda industrial. Para analizar la eficiencia hacen falta, además, datos sobre producción, procesos y necesidades de reposición.
Aprovechar lo ya construido
Del volumen marino utilizado, el 70,4% fue desalado. Cochilco precisó que durante 2025 no comenzaron a operar nuevas plantas desalinizadoras para el sector y que el incremento estuvo asociado principalmente a un mayor aprovechamiento de la infraestructura existente.
El dato permite extraer una conclusión de gestión: además de anunciar obras, las compañías deben demostrar que utilizan eficazmente las instalaciones disponibles. Una inversión adquiere valor ambiental cuando consigue modificar el abastecimiento efectivo de la mina.
También obliga a evaluar los resultados durante varios años. Un avance anual es relevante, pero su continuidad depende de que las instalaciones puedan sostener el suministro y acompañar las necesidades futuras de la operación.
La exigencia de electricidad
La transición tiene un costo energético que debe incorporarse desde el diseño de los proyectos. Desalar y, especialmente, impulsar el recurso hacia las faenas exige electricidad, por lo que la planificación hídrica está estrechamente vinculada con la infraestructura de energía.
En su proyección para 2025-2034, Cochilco estima que la demanda eléctrica de la minería cuprífera crecerá 20,2%, frente a un aumento previsto de 8,3% en la producción. Dentro de ese escenario, el uso de agua de mar requeriría 5,4 teravatios hora anuales al final del período, con especial incidencia del bombeo.
Son proyecciones, sujetas a la evolución de los proyectos y sus condiciones operativas. Aun así, señalan que reducir la presión sobre las fuentes continentales exige resolver simultáneamente el costo, la disponibilidad y la eficiencia del suministro eléctrico.
Por qué es importante
Para Argentina, la experiencia chilena aporta criterios con los cuales examinar las propuestas de abastecimiento de sus desarrollos mineros. Cada iniciativa debería explicar cuánto necesita durante toda su vida útil, qué porcentaje recuperará y cómo responderá ante períodos de menor disponibilidad.
La alternativa marina merece evaluarse donde resulte técnica, ambiental y económicamente viable. Su conveniencia debe demostrarse para cada proyecto, considerando las obras necesarias, los plazos de ejecución y la energía que demandará su funcionamiento.
Desde una perspectiva de política pública, el desafío consiste en convertir los compromisos empresariales en metas medibles y controles accesibles. Informar periódicamente las extracciones por fuente y los niveles de reutilización permitiría comprobar si las mejoras prometidas se cumplen.
La enseñanza para las provincias mineras es concreta: el debate debe comenzar antes de construir y continuar durante la producción. Garantizar el abastecimiento y demostrar un uso responsable forman parte de las condiciones que sostienen un proyecto a largo plazo.
Minería & Desarrollo