PSJ cambia el tablero: ¿Mendoza empieza a correr su eje minero exploratorio hacia el Norte?

Tras dos décadas de freno exploratorio, Mendoza impulsó en Malargüe un esquema de distritos que hoy acumula 138 proyectos. Sin embargo, el avance de PSJ Cobre Mendocino y la necesidad de captar capital para exploración comenzaron a desplazar el foco hacia Uspallata y las propiedades cercanas al proyecto cuprífero.
lunes 08 de junio de 2026 | 0:00hs.

Por Edu Gajardo

Mendoza atraviesa una etapa de redefinición territorial de su estrategia minera. El esquema que inicialmente concentró el impulso político y exploratorio en el sur provincial comenzó a desplazarse progresivamente hacia el norte, donde el avance de PSJ Cobre Mendocino modificó el centro de gravedad del desarrollo minero mendocino.

La transición no implica que Malargüe haya perdido relevancia dentro del mapa minero provincial. Pero sí muestra cómo el cobre, la posibilidad concreta de avanzar hacia producción y la necesidad de atraer capital exploratorio comenzaron a reposicionar a Uspallata y al corredor norte dentro de la estrategia minera que impulsa Mendoza.

El proceso también expone otro desafío estructural: además de intentar abrir una operación cuprífera, la provincia necesita reconstruir su perfil exploratorio luego de más de 20 años de virtual parálisis en exploración metalífera.

El regreso de la minería bajo un esquema distinto

Vale recordar que el cambio de etapa minera en Mendoza comenzó casi en paralelo con el nuevo impulso que tomó la minería argentina a nivel nacional. El contexto económico, la necesidad de generación de divisas y el crecimiento del interés global por el cobre terminaron reabriendo una discusión que en Mendoza permanecía bloqueada desde hacía años.

La provincia llegaba además con antecedentes políticos complejos alrededor de la minería metalífera. Primero durante la gestión de Francisco Pérez y luego, especialmente, en 2019, bajo la administración de Rodolfo Suarez, cuando la Ley 7.722 fue reemplazada durante apenas una semana por la Ley 9.209 antes de ser derogada tras las protestas sociales que marcaron uno de los momentos de mayor tensión política alrededor de la actividad minera mendocina.

En ese escenario, la segunda gestión de Alfredo Cornejo retomó el impulso minero bajo una lógica diferente. La estrategia provincial dejó de apuntar inicialmente a proyectos individuales de explotación y avanzó sobre un esquema de distritos mineros diseñado para compatibilizar exploración y el filtro legislativo que exige la propia Ley 7.722.

El objetivo político inicial estuvo centrado principalmente en Malargüe. El departamento aparecía como el territorio donde el ejecutivo entendía que existían mejores condiciones sociales y políticas para reinstalar la minería dentro de la agenda provincial. Su tradición extractiva, la actividad petrolera histórica y una menor conflictividad social en comparación con otras zonas de Mendoza terminaron consolidándose como el punto de partida del nuevo esquema minero.

El modelo distrital y la expansión de MDMO

Así nació Malargüe Distrito Minero Occidental. El esquema permitió agrupar múltiples propiedades mineras dentro de un mismo Informe de Impacto Ambiental, compartiendo procedimientos técnicos y administrativos para su evaluación ambiental y legislativa.

Primero avanzó MDMO I y luego MDMO II, acumulando entre ambos un total de 67 proyectos exploratorios. Actualmente MDMO III incorporó otros 71 proyectos y elevó considerablemente la escala del esquema distrital mendocino.

Sin embargo, el crecimiento del modelo también comenzó a mostrar mayores niveles de complejidad técnica y administrativa.

El informe técnico elaborado por la Facultad de Ciencias Aplicadas a la Industria (FCAI) incorporó observaciones vinculadas con aspectos hidrogeológicos, ambientales, operativos y territoriales del expediente. Ese escenario derivó en que Impulsa Mendoza Sostenible S.A., la estatal que impulsa el esquema distrital, solicitara ya tres prórrogas para responder técnicamente las indicaciones formuladas por la FCAI dentro del proceso ambiental.

La situación también expuso uno de los principales límites del esquema exploratorio mendocino: la necesidad de sostener financieramente programas de exploración de alta montaña dentro de una provincia que estuvo prácticamente dos décadas sin actividad sistemática.

En paralelo, buena parte de los proyectos incluidos dentro de MDMO continúan todavía en etapas tempranas de exploración. Las perforaciones siguen siendo limitadas y los costos asociados a accesos, líneas base ambientales, logística y campañas de montaña continúan funcionando como factores de peso para el avance de los proyectos.

PSJ Cobre Mendocino y el corrimiento del eje hacia el norte

Mientras el esquema distrital avanzaba sobre exploración y procedimientos administrativos, Mendoza comenzó a recuperar en paralelo otro proyecto histórico: San Jorge.

Con nuevos accionistas y bajo el nombre PSJ Cobre Mendocino, el proyecto ubicado en Uspallata volvió a posicionarse dentro de la agenda minera provincial con un esquema reformulado respecto de intentos anteriores.

En enero de 2025 se presentó la actualización del Informe de Impacto Ambiental del proyecto. El nuevo planteo estableció que la operación procesará exclusivamente mineral sulfurado mediante flotación convencional para producir concentrado de cobre, mientras que los óxidos fueron redefinidos como material estéril que pasará a formar parte de la escombrera del proyecto.

Ese proceso avanzó durante el mismo año hasta concluir en diciembre con la aprobación legislativa de la Declaración de Impacto Ambiental para explotación, convirtiendo a PSJ Cobre Mendocino en el primer proyecto metalífero aprobado integralmente bajo el marco de la Ley 7.722.

A partir de ese momento, el eje del desarrollo minero mendocino comenzó a desplazarse de manera cada vez más visible desde el sur hacia el norte provincial.

El cambio respondió a una cuestión prácticamente lógica dentro de la dinámica minera. Mientras Malargüe continuaba concentrando principalmente exploración, Uspallata comenzó a incorporar la posibilidad concreta de producción cuprífera, infraestructura asociada y desarrollo vinculado a una futura operación minera.

Exploración, financiamiento y el nuevo objetivo mendocino

El corrimiento del eje minero hacia el norte también comenzó a mostrar otro objetivo de fondo: transformar a Mendoza en un destino competitivo para compañías exploratorias y capital de riesgo especializado.

Por eso, no extrañó que se anunciara la creación del Distrito Minero Norte, alrededor de PSJ.

Desde el punto de vista estrictamente técnico, Mendoza necesita recuperar la exploración. La provincia estuvo prácticamente 20 años sin campañas exploratorias sostenidas y todavía mantiene un importante nivel de subexploración en comparación con otros distritos metalíferos argentinos y chilenos.

Sin embargo, el financiamiento exploratorio internacional no comenzó a llegar al sur mendocino con la velocidad que inicialmente esperaba parte del esquema político provincial.

Las tendencias globales del sector también ayudan a explicar parte de ese escenario. Según un análisis de GEM Mining Consulting elaborado sobre la base global de exploración minera no ferrosa de S&P Global Market Intelligence, la exploración no generativa -asociada a activos conocidos y zonas brownfield- pasó de captar el 60% del presupuesto mundial de exploración en 2005 al 79% en 2025. En términos absolutos, la inversión en ese segmento aumentó desde US$3.000 millones hasta US$9.800 millones en las últimas dos décadas.

En paralelo, la exploración generativa orientada a descubrir nuevos depósitos redujo su participación desde el 40% al 21% del presupuesto global de exploración minera.

Dentro de esa lógica, el avance de PSJ Cobre Mendocino y la posibilidad de desarrollar un nuevo distrito minero alrededor de propiedades cercanas al proyecto cuprífero comenzaron a darle al norte mendocino una posición potencialmente más fuerte dentro de la competencia por capital exploratorio.

El sur intenta sostener su lugar dentro del nuevo mapa minero

El corrimiento del eje minero mendocino hacia el norte no eliminó la actividad exploratoria en Malargüe. Pero sí comenzó a modificar las prioridades y el peso relativo de algunos proyectos dentro de la agenda minera provincial.

En ese contexto, Hierro Indio terminó siendo uno de los ejemplos más representativos de ese proceso. Durante años el proyecto fue presentado como una de las principales banderas de la minería metalífera mendocina y funcionó como uno de los intentos iniciales para instalar políticamente la actividad dentro de la provincia.

Con el tiempo, sin embargo, perdió centralidad dentro del nuevo esquema minero mendocino y terminó orientándose hacia un modelo de menor escala, más cercano a una explotación tipo cantera que a un desarrollo metalífero de gran volumen.

En su reemplazo, el foco se puso en MDMO, esquema que espera sumar más proyectos y que pelea por encontrar el financiamiento para su desarrollo. En ese camino, hay emprendimientos que siguen plantando bandera.

Actualmente Kobrea avanza con perforación en El Perdido dentro de Malargüe Distrito Minero Occidental, el único proyecto que logró alcanzar -hasta ahora- una campaña de perforación diamantina dentro del esquema distrital.

En paralelo, Jaguar Uranium comenzó a posicionarse con Huemul con programas de exploración de uranio y recientemente comunicó resultados superficiales positivos al mercado canadiense.

También comenzó a ganar presencia Argentina Metals, junior que consolidó una amplia cartera de propiedades en Mendoza mediante acuerdos y adquisiciones sobre distintos proyectos. Dentro de ese paquete aparece Las Estrellas, ubicado cerca de El Perdido, como uno de los principales focos exploratorios de la compañía. Por ahora el trabajo apunta principalmente a programas geofísicos y construcción de objetivos, sin una campaña de perforación inmediata anunciada.

A eso se suma El Seguro, proyecto controlado por Impulsa Mendoza, que completó recientemente el desarrollo del camino de acceso y comenzó a evaluar alternativas para avanzar hacia futuras perforaciones. Todo indica que el esquema requerirá participación privada para sostener campañas exploratorias profundas debido a los montos de inversión necesarios para operar en alta montaña.

Mendoza todavía se encuentra distante de consolidar un modelo minero plenamente operativo. Pero el proceso que comenzó en Malargüe como una estrategia política para reactivar la minería provincial empezó a desplazarse progresivamente hacia un esquema donde el cobre, la exploración alrededor de proyectos avanzados y el corredor norte aparecen cada vez más cerca del núcleo del desarrollo minero mendocino.

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