JPMorgan estima que Estados Unidos duplicará su producción de cobre y ubica a Argentina entre los países con mayor crecimiento
Estados Unidos podría más que duplicar su producción anual de cobre a partir de nuevos desarrollos mineros y ampliaciones de operaciones existentes. Esa es la proyección de JPMorgan, que identifica una capacidad adicional potencial de 1,3 millones de toneladas por año y ubica al país norteamericano como el tercer mayor contribuyente al crecimiento futuro de la oferta mundial, detrás de Chile y Argentina.
El escenario, sin embargo, no supone un aumento inmediato. Según el análisis del banco, buena parte de los proyectos todavía debe atravesar etapas de permisos, estudios técnicos y desarrollo de infraestructura, por lo que una proporción importante de la nueva producción no entraría en operación antes de 2030.
La producción minera estadounidense ronda actualmente el millón de toneladas anuales, aproximadamente la mitad de lo que extraía hace tres décadas. JPMorgan atribuye ese retroceso principalmente a la falta de inversión, que redujo la participación del país en la producción mundial a menos del 5%, frente a cerca del 50% que representaba a comienzos del siglo XX.
Uno de los principales proyectos que podría modificar ese panorama es Resolution Copper, ubicado en Arizona y desarrollado por una sociedad entre Rio Tinto y BHP. La iniciativa subterránea representa alrededor de la mitad de la capacidad adicional que JPMorgan identifica para Estados Unidos.
De acuerdo con las estimaciones de las compañías, Resolution podría producir aproximadamente 18 millones de toneladas de cobre durante una vida útil de 40 años y, una vez que alcance su capacidad plena, cubrir hasta el 25% de la demanda estadounidense del metal. Sin embargo, todavía necesita completar requisitos regulatorios y estudios técnicos, por lo que no se espera que comience a producir antes de 2030.
Para el mediano plazo, JPMorgan también señala el potencial de Freeport-McMoRan, el principal productor de cobre de Estados Unidos. El banco calcula que la compañía podría sumar más de 250.000 toneladas anuales mediante ampliaciones en operaciones que ya están en funcionamiento.
A diferencia de los proyectos que requieren construir una mina desde cero, estas expansiones pueden aprovechar instalaciones, infraestructura y sistemas productivos existentes. Esa condición permitiría incorporar nueva oferta en plazos más cortos y con menores desafíos de desarrollo.
El análisis también advierte sobre los costos de inversión. JPMorgan estima que los proyectos cupríferos estadounidenses requieren alrededor de US$28.000 de capital por cada tonelada de capacidad anual, por encima del promedio mundial, calculado en unos US$26.000. La diferencia puede afectar la rentabilidad de los desarrollos, especialmente en minas subterráneas de gran escala.
Entre los factores que podrían acelerar las inversiones, el banco menciona cambios regulatorios destinados a reducir los tiempos de aprobación de proyectos, como el marco FAST-41, además de los avances en tecnologías de lixiviación in situ y la posibilidad de reactivar minas que permanecen fuera de operación.
De todos modos, aumentar la extracción no resolvería por sí solo las necesidades de abastecimiento de Estados Unidos. JPMorgan identifica un déficit cercano al millón de toneladas de cobre primario y señala que el país también necesitará ampliar su capacidad de fundición y refinación para procesar una mayor cantidad de concentrado producido localmente.
Argentina aparece en este escenario como uno de los países con mayor margen para incrementar la oferta de cobre. El potencial identificado por JPMorgan se vincula con una cartera de proyectos que todavía debe avanzar hacia la construcción y producción. En San Juan se encuentran algunas de las iniciativas de mayor escala, entre ellas Vicuña, Los Azules, El Pachón y Altar.
El país no produce cobre desde el cierre de Bajo de la Alumbrera, en 2018, pero los desarrollos en distintas etapas de evaluación y construcción podrían modificar esa situación durante la próxima década. Vicuña y Los Azules ya cuentan con aprobación ambiental para avanzar en sus respectivos desarrollos, mientras que otros proyectos continúan trabajando en estudios, ingeniería y exploración.
La comparación con Estados Unidos también permite observar un desafío compartido: transformar los recursos geológicos en producción efectiva requiere inversiones de gran magnitud, infraestructura, permisos y capacidad industrial. En el caso argentino, la disponibilidad de energía, rutas y corredores logísticos será determinante para que los proyectos puedan alcanzar la escala prevista.
Las estimaciones de JPMorgan reflejan el potencial de crecimiento de la oferta mundial, pero no equivalen a producción asegurada. Al menos, no por ahora. Tanto en Estados Unidos como en Argentina, los plazos dependerán de las decisiones de inversión y de la capacidad de cada proyecto para superar sus etapas pendientes.
M&D con información de Reuters