El robo de cobre escala en Chile y pone en jaque la seguridad de los trenes mineros

Bandas criminales superan medidas de seguridad en ferrocarriles de la región de Antofagasta, robando 169 toneladas en cuatro meses de 2026 y amenazando operaciones de grandes mineras.
lunes 07 de septiembre de 2026 | 0:00hs.

El robo de cobre en el norte de Chile dejó de ser un problema aislado para convertirse en una amenaza creciente sobre la cadena logística de la minería. Las bandas que operan en las zonas desérticas del país vecino están modificando sus métodos para superar las medidas de seguridad implementadas por las empresas ferroviarias y apuntan directamente a los trenes que trasladan cátodos desde las operaciones mineras hacia los puertos.

El ritmo de los ataques muestra la dimensión que alcanzó el fenómeno. Según información reportada por Antofagasta Plc, durante 2025 se registraron 86 robos a trenes, más del doble de los 39 casos contabilizados en 2022. Pero el dato que encendió las alarmas corresponde a 2026: durante los primeros cuatro meses del año se produjeron 34 asaltos y fueron sustraídas 169 toneladas de cobre, equivalentes al 71% de todo el volumen robado durante 2025.

La situación adquiere mayor gravedad por el nivel de planificación que están mostrando los delincuentes. Fiscales chilenos detectaron casos en los que integrantes de las bandas saltan desde vehículos hacia trenes en movimiento, retiran piezas de cobre de aproximadamente 80 kilos y las arrojan hacia otros miembros del grupo que esperan en el desierto. En otros episodios se utilizaron ganchos para retirar cargas completas cuando las formaciones reducen su velocidad.

El problema ya alcanzó a algunas de las principales compañías mineras que operan en el país trasandino. Los trenes del Ferrocarril de Antofagasta a Bolivia (FCAB) transportan cobre de distintas operaciones, entre ellas Chuquicamata, de Codelco, y El Abra, de Freeport-McMoRan. La empresa ferroviaria opera alrededor de 700 kilómetros de vías en el norte chileno, atravesando extensas zonas desérticas donde la cobertura de seguridad y comunicaciones representa una dificultad adicional.

Las bandas se adaptan a las medidas de seguridad

Uno de los principales motivos de preocupación para la industria es que las inversiones destinadas a proteger las cargas ya no resultan suficientes para disuadir a los grupos criminales.

El caso de El Abra resulta ilustrativo. A comienzos de 2026, una formación equipada con una jaula de protección para evitar el robo de los cátodos fue atacada dos veces en apenas dos semanas. Para Antofagasta Plc, el episodio demuestra una evolución en la capacidad de las bandas y un mayor nivel de coordinación y disposición a asumir riesgos.

Algo similar ocurrió con los trenes que transportan cobre desde Chuquicamata, una de las principales operaciones de Codelco. La formación fue atacada decenas de veces durante 2025, generando pérdidas estimadas en US$2,4 millones en cobre. Frente a esa situación, la compañía ferroviaria destinó una suma cercana a ese monto para instalar jaulas de protección y reforzar la seguridad de la línea.

El fenómeno también está incorporando un componente de mayor violencia. Además del robo de la carga, existen episodios en los que los delincuentes ponen en riesgo directamente a los trabajadores ferroviarios. En uno de los casos reportados durante este año, los atacantes arrojaron piedras contra personal de un tren mientras escapaban con el cobre.

Para la industria, el cambio es significativo: el riesgo dejó de estar concentrado exclusivamente en la pérdida económica de la carga y comenzó a involucrar la seguridad de las personas y la continuidad de las operaciones.

Del tren al mercado ilegal

El cobre sustraído no termina necesariamente en circuitos locales. De acuerdo con los antecedentes difundidos por las autoridades chilenas, las bandas utilizan depósitos ilegales de chatarra para recibir el material, que posteriormente puede ser fundido para eliminar sus marcas de identificación y enviado al exterior como si se tratara de chatarra.

El fenómeno forma parte de un problema de mayor escala que las autoridades del país vecino vienen investigando. En abril, una operación policial y judicial denominada “Alto Voltaje” permitió desarticular una organización dedicada al robo y exportación ilegal de cobre. La investigación involucró movimientos por más de US$917 millones entre 2020 y 2025 y terminó con 25 detenidos y 187 toneladas de cobre incautadas.

Ese antecedente permite dimensionar que el robo de cobre no necesariamente responde a hechos individuales o improvisados. Existe una cadena que puede involucrar extracción, acopio, comercialización, procesamiento y exportación, con estructuras capaces de mover grandes volúmenes y aprovechar los mercados internacionales del metal.

La situación representa un desafío adicional para Chile, que concentra aproximadamente una cuarta parte de la producción mundial de cobre y depende fuertemente de las exportaciones del metal. Aunque el volumen robado todavía representa una fracción pequeña frente a las exportaciones totales, la preocupación de las compañías está vinculada con la posibilidad de que el fenómeno continúe creciendo y afecte una cadena logística estratégica.

Un problema que trasciende a la minería

El avance de estas bandas también introduce un nuevo factor de riesgo para la competitividad de la industria. Mayores gastos en vigilancia, infraestructura de protección, seguros, monitoreo y personal especializado terminan incorporándose a los costos de una cadena logística que ya debe operar en condiciones geográficas complejas.

El desafío es especialmente importante en el norte chileno, donde las grandes distancias entre las minas y los puertos hacen del ferrocarril una pieza fundamental para trasladar grandes volúmenes de mineral y productos de cobre.

En ese contexto, la seguridad pasa a convertirse en una variable de continuidad operacional. Un ataque no solo implica la pérdida de una determinada cantidad de metal: también puede provocar interrupciones, modificar los protocolos de transporte, elevar los costos y obligar a las empresas a rediseñar recorridos y sistemas de protección.

El escenario chileno también funciona como una señal para otros países productores de cobre de la región. A medida que el precio del metal aumenta y la disponibilidad futura de nuevas toneladas genera preocupación en los mercados, el cobre adquiere un valor creciente no solo para las compañías mineras, sino también para las redes criminales que buscan incorporarlo al comercio ilegal.

La experiencia del país trasandino muestra que el desafío no termina cuando el mineral sale de la mina. La protección del cobre también deberá extenderse a toda la ruta que conecta los yacimientos con los mercados internacionales.

 

M&D con información de REDIMIN