Cambios en el Gabinete Nacional

¿Qué puede esperar la minería del nuevo Jefe de Gabinete?

El nuevo Jefe de Gabinete le genera fuertes expectativas positivas en la gestión de los temas en la minería Argentina. Se trata de un político que desde el Ministerio del Interior y la relación con los gobernadores identificó, en forma clara, lo que la minería le puede aportar al país, pero por sobre todo, las trabas que hoy tiene la actividad más prometedora para la Argentina. Por Miguel Martín Editor de Minería & Desarrollo
lunes 29 de junio de 2026 | 0:00hs.

El nuevo Jefe de Gabinete le genera fuertes expectativas positivas en la gestión de los temas en la minería Argentina. Se trata de un político que desde el Ministerio del Interior y la relación con los gobernadores identificó, en forma clara, lo que la minería le puede aportar al país, pero por sobre todo, las trabas que hoy tiene la actividad más prometedora para la Argentina.

Hasta la semana pasada Santilli actuaba como el principal nexo político y articulador federal entre el gobierno nacional de Javier Milei y las provincias mineras. A su antecesor le sobraba convicción, soberbia y pedantería.

La eyección Manuel Adorni de la Jefatura de Gabinete y la llegada de Diego Santilli representa una modificación en el método político con el que el Gobierno buscará transitar la segunda mitad de su mandato.

Tras asumir funciones clave en el Gabinete nacional —como ministro del Interior—, su rol se centró en destrabar inversiones y coordinar la infraestructura que demanda el sector.

De acuerdo con la información a la que accedió M&D la relación y acciones de Santilli con la minería se estructurarán bajo los siguientes ejes:

Impulso a las Grandes Inversiones 

  • Meta de exportación: Santilli promueve un plan para que la Argentina multiplique sus exportaciones mineras, pasando de los 6.000 millones de dólares actuales a una meta de entre 50.000 y 84.000 millones de dólares.
  • Garantía jurídica: Defiende la aplicación del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) como la herramienta clave para dar estabilidad económica y competir directamente con Chile y Perú. 
  • Soberanía provincial: El funcionario ratificó que la minería es una potestad exclusiva de las provincias. Sostiene que el Gobierno nacional acompaña la actividad respetando las autonomías locales y el rol del Congreso.
  • Alianza con San Juan: Mantiene un vínculo estrecho con el gobernador sanjuanino Marcelo Orrego. En sus visitas oficiales a la Expo San Juan Minera, catalogó a la provincia como el futuro "Neuquén de la minería" debido a su enorme potencial en minerales críticos como el cobre. 
  • Conectividad logística: Santilli coordina planes estatales para reactivar y mejorar rutas nacionales estratégicas para el transporte de carga minera, tales como corredores clave en San Juan y Mendoza (incluyendo tramos de la Ruta 40 y Ruta 150).
  • Rol en el Gabinete: Desde la Jefatura de Gabinete, liderará una mesa de trabajo institucional orientada a transformar los recursos naturales en empleo local y desarrollo de proveedores locales.

Buscar consensos

En política, las reformas profundas no dependen únicamente de la convicción presidencial. También requieren una compleja ingeniería institucional capaz de transformar decisiones económicas en consensos políticos. Y allí reside la principal fortaleza del nuevo jefe de Gabinete.

Hasta ahora, el Gobierno había construido buena parte de su identidad sobre la confrontación. Esa estrategia resultó eficaz para ganar la discusión pública y sostener un fuerte respaldo electoral. Sin embargo, gobernar exige una capacidad distinta: construir acuerdos sin renunciar al rumbo.

La designación de Santilli parece responder precisamente a esa necesidad. No llega para modificar la orientación económica del Gobierno. Llega para hacerla políticamente ejecutable.

Desde la perspectiva de la industria minera, el cambio puede tener implicancias especialmente relevantes.

La minería argentina depende mucho menos de las decisiones que se toman en la Casa Rosada que de la coordinación entre la Nación y las provincias.

La Constitución otorgó a estas últimas el dominio originario de los recursos naturales, por lo que cualquier estrategia de desarrollo requiere una relación institucional sólida con los gobernadores, justamente ese es uno de los mayores activos de Santilli.

Su paso por el Ministerio del Interior le permitió construir vínculos personales y canales permanentes de diálogo con la mayoría de los mandatarios provinciales, incluyendo buena parte de los gobernadores del oeste argentino, donde se concentran prácticamente todos los grandes proyectos de cobre, litio, oro y plata del país.

Esa red política no se construye de un día para otro; es producto de años de negociación, gestión territorial y resolución de conflictos.

Ese capital político puede convertirse ahora en un activo económico.

La próxima etapa minera argentina probablemente no dependa tanto de anunciar nuevos incentivos fiscales como de resolver cuestiones mucho más concretas: infraestructura, permisos, coordinación ambiental, financiamiento de rutas, líneas eléctricas, pasos internacionales, seguridad jurídica y armonización regulatoria.

Todas ellas requieren diálogo, y el diálogo requiere interlocutores creíbles para ambas partes.

Santilli reúne una característica poco frecuente en la política argentina contemporánea: es percibido como un dirigente confiable tanto por sectores del oficialismo como por buena parte de la oposición provincial.

Esa capacidad de tender puentes puede resultar decisiva en un momento en que Argentina comienza a competir globalmente por miles de millones de dólares en inversiones de largo plazo.

Los grandes inversores internacionales observan mucho más que los indicadores macroeconómicos, analizan la gobernabilidad, evalúan la capacidad del Estado para sostener políticas durante décadas, miden el nivel de cooperación entre distintos niveles de gobierno, y buscan señales de previsibilidad institucional.

En ese contexto, el nombramiento de un jefe de Gabinete con experiencia territorial envía un mensaje distinto al mercado: el Gobierno parece comprender que la etapa que viene exige menos épica y más gestión.

La minería es, quizás, el sector donde esa transición puede apreciarse con mayor claridad.

Los proyectos cupríferos que hoy avanzan en San Juan, Catamarca, Salta y Jujuy requerirán durante los próximos años una coordinación inédita entre organismos nacionales, provincias, municipios, empresas e inversores internacionales.

No alcanza con estabilidad macroeconómica, tampoco con seguridad jurídica. Hace falta capacidad política para articular intereses muchas veces divergentes.

En esa tarea, la experiencia acumulada por Santilli puede transformarse en una ventaja comparativa para el propio Gobierno.

Naturalmente, un cambio de funcionarios no garantiza resultados, y persisten desafíos importantes: consolidar reglas regulatorias estables, mejorar la infraestructura logística, acelerar procesos administrativos y evitar que surjan nuevas barreras provinciales que fragmenten el mercado interno o afecten la competitividad nacional.

Pero sí modifica algo esencial: el estilo con el que esos problemas podrían comenzar a abordarse.

La Argentina minera ingresa en una etapa distinta, después de años en los que el principal desafío consistía en recuperar la confianza macroeconómica, comienza otra fase donde la calidad de la coordinación institucional puede ser tan importante como el equilibrio fiscal.

Por eso, la llegada de Diego Santilli merece leerse más allá del episodio político que la originó, no representa un cambio de modelo económico, representa, potencialmente, un cambio en la forma de construir gobernabilidad.

Y para una industria cuyos proyectos requieren inversiones de miles de millones de dólares y horizontes de treinta años, esa diferencia puede terminar siendo mucho más trascendente que cualquier discurso.

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