Vaca Muerta rompe récords y acelera su salto exportador ¿Puede Argentina sostener el boom?

Los registros de extracción y el flujo de inversiones muestran que la cuenca puede convertirse en un proveedor confiable de crudo y gas para los mercados externos
viernes 12 de junio de 2026 | 0:00hs.

Por Mayra Pérez Cauquoz especial para Minería & Desarrollo

La cuenca no convencional de Vaca Muerta alcanzó un nuevo pico operativo y se consolidó como motor energético del país con 628.924 barriles diarios de petróleo, que representa un aumento interanual superior al 36%. Este avance operativo, impulsado por mejoras técnicas y acuerdos de inversión, ya está impactando en la balanza comercial energética. Las exportaciones de crudo no convencional aportan gran parte del superávit mensual, con unos USD 1.402 millones.

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La maduración tecnológica en la cuenca redujo la curva de aprendizaje, basada en la optimización de pozos horizontales multilaterales, el incremento de secuencias de fractura más eficientes y la caída de costos unitarios que elevaron la productividad por pozo. Con estos indicadores, Vaca Muerta está más cerca de apuntar a rendimientos comparables a los de las grandes cuencas del exterior. El mercado toma nota de esto. Por ejemplo, YPF alcanzó una capitalización bursátil histórica, superando los USD 22.000 millones, en parte por la revalorización de bloques de alto rendimiento como La Angostura Sur.

Infraestructura y la carrera por evacuar la producción

Si la extracción dejó de ser el límite principal, el cuello de botella se trasladó al midstream (transporte y almacenamiento). Para destrabar la salida al mar, un consorcio de operadoras conduce la obra del Oleoducto Vaca Muerta Sur (VMOS), un proyecto valuado en unos USD 3.000 millones que conectará Allen (Río Negro) con una terminal de aguas profundas en Punta Colorada. Beneficiado por el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI), el VMOS prevé una capacidad inicial de unos 180.000 barriles por día y un potencial de ampliación de hasta 700.000 barriles, lo que permitiría cargas continuas de buques de gran porte y consolidaría la salida exportadora del país.

El cronograma oficial divide la obra en dos fases. La primera apunta a una operación comercial parcial para el segundo semestre de 2026 y permitiría evacuar entre 180.000 y 390.000 barriles diarios. La segunda fase está proyectada para 2027 y completaría la infraestructura de almacenamiento y monoboyas en el mar. Ya se adjudicaron contratos clave, como el suministro de caños de 30 pulgadas, las obras civiles para los 440 km de traza y comenzaron las primeras soldaduras en suelo rionegrino.

Inversión y nuevo mapa de actores

El esquema RIGI aceleró el desembarco de capitales. Las inversiones proyectadas y aprobadas bajo este régimen superan los USD 11.600 millones. Central Puerto confirmó proyectos por USD 600 millones en shale oil, mientras que la estadounidense Continental Resources avanzó en su entrada a tres bloques estratégicos. A su vez, YPF y TGS progresan en proyectos de separación y procesamiento de líquidos para sostener un futuro esquema de exportación de GNL, mientras que Neuquén otorgó nuevas áreas exploratorias a YPF para blindar el abastecimiento del plan Argentina LNG.

A pesar del optimismo, la consolidación de Vaca Muerta como hub exportador está condicionada por variables externas y estructurales. La volatilidad de los precios internacionales del crudo (Brent) puede afectar la rentabilidad de los proyectos y la velocidad de perforación. Por otro lado, una logística insuficiente con rutas deterioradas, falta de capacidad de transporte y demoras en los plazos para insumos críticos, puede generar nuevos cuellos de botella, incluso con el VMOS en operación parcial. Además, la concentración de inversión y mano de obra en la cuenca alimenta el riesgo de una “enfermedad holandesa” regional que amenaza la diversificación productiva.

El desafío no es solo técnico, es institucional y de capacidad de gobernar. Para convertir la bonanza geológica en un desarrollo sostenido, los actores exigen reglas previsibles, coordinación interjurisdiccional, marcos de gestión y programas ambientales y urbanos que mitiguen el impacto ambiental. La licencia social dependerá cada vez más de la capacidad de integrar un manejo eficiente del agua, planes de remediación y políticas laborales que potencien la cadena de valor local sin sacrificar la calidad de vida de las comunidades involucradas.

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Vaca Muerta ya dejó de ser una promesa y se transformó en términos productivos, en una realidad de escala internacional. Los registros de extracción y el flujo de inversiones muestran que la cuenca puede convertirse en un proveedor confiable de crudo y gas para los mercados externos. La verdadera prueba será si se logra completar la infraestructura logística y el andamiaje institucional necesarios para sostener la expansión en el marco de la volatilidad de los precios, las restricciones logísticas y los vaivenes de crisis política. Sin planificar estos aspectos estratégicos, el boom corre el riesgo de quedar reducido a una coyuntura de renta extractiva con beneficios concentrados.

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