Lo que dice la llegada de un CEO sobre la nueva etapa que empieza en PSJ en Mendoza

Marcelo Avecilla hizo su carrera fuera de Mendoza durante los años en que la provincia mantuvo frenada la minería metalífera, y vuelve para conducir la etapa previa a la construcción de PSJ. Un regreso que marca un antes y un después en la minería mendocina.

La incorporación de Marcelo Avecilla como CEO de PSJ Cobre Mendocino ubica al proyecto en una etapa distinta de la que atravesó en los últimos años. Durante ese período, el trabajo central fue definir el yacimiento y sostener su evaluación ambiental.

Lo que empieza ahora es la construcción de la organización que va a operar la primera mina de cobre de Mendoza, en Uspallata, localidad del departamento mendocino de Las Heras sobre el corredor internacional que conecta con Chile por el paso Cristo Redentor.

La compañía anunció la llegada de Avecilla, ingeniero mendocino con más de 20 años en la minería internacional. Al mismo tiempo, Fabián Gregorio pasa a la Presidencia, desde donde mantiene la conducción estratégica y el relacionamiento institucional del proyecto.

Según la empresa, la nueva estructura tiene como objetivo el avance de los estudios previos a la construcción, la ingeniería y la planificación de las etapas siguientes.

A la luz del perfil del nuevo CEO, el nombramiento apunta además a una fase de ordenamiento del terreno y de formación de la estructura con la que va a funcionar esa primera operación cuprífera de la provincia.

Avecilla desarrolló su carrera fuera de la provincia durante más de dos décadas, un período que coincide en buena medida con el freno a la minería metalífera en Mendoza. Por eso su regreso para conducir la primera operación de cobre tiene una lectura que va más allá de la compañía.

Un esquema que separa el frente institucional de la gestión

Gregorio fue en los últimos años la voz y el rostro del proyecto, tanto en la discusión de su evaluación ambiental como en los foros del sector. En esos foros presentó la actualización de los números productivos de PSJ. Ese rol se mantiene: la compañía lo ubica al frente de la estrategia y de la relación con las instituciones, un frente que en un proyecto minero de Mendoza tiene un peso propio, por el recorrido político e institucional que exige cualquier iniciativa metalífera en la provincia.

Un proyecto en etapa de permisos necesita, sobre todo, interlocución. Uno que se acerca a la construcción necesita además a alguien que arme equipos, defina contratos, ordene cronogramas y prepare la transición hacia la operación. El nuevo esquema reparte esas dos exigencias en dos figuras, en lugar de concentrarse en una sola conducción.

El perfil elegido para el segundo frente indica cuál es la prioridad de esta etapa: experiencia en minas que ya operan a gran escala.

Una trayectoria construida dentro de operaciones de gran volumen

Avecilla fue General Manager de Mt. Marion, operación de Mineral Resources en Australia. Allí tuvo a cargo la gestión integral de la mina y lideró un proyecto de expansión. Antes ocupó la gerencia general de Christmas Creek, de Fortescue Metals Group, con responsabilidad sobre una producción de alrededor de 52 millones de toneladas anuales de mineral de hierro.

Su recorrido incluye también BHP y la participación en proyectos de desarrollo y puesta en marcha de operaciones en Australia, además de proyectos de inversión en la Argentina.

La formación acompaña ese recorrido. Avecilla estudió Ingeniería Electrónica y Telecomunicaciones e Ingeniería Eléctrica en la Universidad de Mendoza, hizo un posgrado en Gestión de Activos en la Universidad Austral y una especialización en Gestión de Minerales y Energía en la University of Western Australia.

Es una carrera hecha dentro de operaciones en marcha, con foco en la gestión de activos productivos y en su ampliación, más que en la exploración o en la etapa de permisos. Esa carrera se desarrolló, además, lejos de una provincia donde durante esos mismos años la minería metalífera no tenía lugar.

Una carrera hecha afuera durante los años del freno minero

En 2007, Mendoza sancionó la Ley 7.722. La norma prohíbe el uso el uso de algunos químicos en los procesos de la minería metalífera, y exige que la Legislatura ratifique la declaración de impacto ambiental de cada proyecto.

Durante los años siguientes, ninguna iniciativa metalífera de gran escala avanzó en la provincia. Los geólogos, ingenieros y técnicos mendocinos que eligieron la minería construyeron sus carreras en San Juan, en Chile o en otros continentes.

La trayectoria de Avecilla forma parte de ese recorrido. Su experiencia en operaciones de hierro y en expansiones mineras se formó en Australia, una de las principales jurisdicciones mineras del mundo, mientras en su provincia la actividad no tenía dónde desarrollarse. Hoy Mendoza tiene la declaración de impacto ambiental de PSJ aprobada y avanza con Malargüe Distrito Minero Occidental, el esquema con el que habilitó la exploración en el oeste de Malargüe, y con el nuevo Mendoza Norte Distrito Minero.

En ese escenario, el regreso de un profesional local para conducir su primera operación de cobre funciona como señal: la provincia empieza a recuperar la experiencia que se formó afuera durante el freno.

Esa experiencia es una de las condiciones que necesita una industria que arranca sin antecedentes propios. Una mina se construye con capital y permisos, pero se opera con personas que ya hayan gestionado operaciones de esa escala. Avecilla combina ese recorrido con el conocimiento del territorio donde va a levantarse la mina.

La escala que gerenció en Australia es mayor que la que proyecta PSJ, aunque la del proyecto mendocino también cambió en el último año.

La escala que redefinió la factibilidad

El Informe de Impacto Ambiental de PSJ proyectaba una vida útil de 16 años de vida útil, con un promedio de 40.000 toneladas anuales de cobre fino. La factibilidad llevó esa proyección a otro nivel. PSJ apunta a producir 75.000 toneladas anuales con un CAPEX cercano a US$800 millones. El cambio no surge de nuevos hallazgos de exploración. Responde a un mayor detalle sobre un recurso ya conocido, que permite planificar una producción más alta y sostenida en el arranque.

PSJ atraviesa los estudios previos a la construcción. En la industria, ese tramo suele concentrar decisiones que después son difíciles de revertir. Entre ellas están la secuencia de obras, la contratación de ingeniería y construcción, la logística de insumos y de concentrado, el abastecimiento de energía y la infraestructura de apoyo en el sitio.

Es la etapa en la que el proyecto sale del plano de los informes y entra en el de las definiciones físicas: qué se construye primero, con qué contratistas, con qué equipos propios y con qué cronograma. La experiencia de Avecilla apunta a ese momento, en el que la organización que conduce la obra empieza a convertirse en la organización que va a operar la mina.

El ordenamiento tiene también una dimensión interna. Una compañía que durante años tuvo como tarea principal la evaluación técnica y ambiental necesita incorporar gerencias de operación, mantenimiento, seguridad, abastecimiento y relaciones laborales.

El CEO que encabeza esa transición define, en buena medida, cómo queda armada esa estructura.

Una estructura sin antecedente en la provincia

En San Juan, Veladero opera desde mediados de la década de 2000 y la provincia acumula desde entonces una base de profesionales, proveedores y prácticas de gestión ligadas a la minería metalífera de gran escala. Mendoza no tiene ese recorrido. La organización que PSJ arme en esta etapa va a ser la primera de su tipo en la provincia, sin un modelo local previo del cual partir.

Esa ausencia de antecedente le da más peso a las decisiones de esta fase. La forma en que se integren los equipos, la proporción de trabajadores y proveedores locales y la relación con la comunidad de Uspallata y con el resto de Las Heras van a quedar definidas en buena parte antes de que empiece la producción.

También pesan las prácticas de gestión que se traigan de otras jurisdicciones. El reparto de roles responde a esa doble exigencia: Gregorio sostiene la relación institucional que un proyecto así necesita en Mendoza, y Avecilla toma a su cargo la estructura operativa.

El nombramiento muestra que la siguiente prueba de PSJ Cobre Mendocino ya no pasa por los permisos, sino por la capacidad de convertir un proyecto evaluado en una organización que opere. Esa organización tiene que sostener una producción que pasó de un promedio de 40.000 toneladas a una proyección de 75.000 toneladas en los primeros años.

Que esa tarea quede en manos de un mendocino que hizo su carrera afuera durante los años del freno resume el momento que atraviesa la provincia. El desafío concreto es armar desde cero la estructura de su primera operación de cobre, con experiencia formada en otras jurisdicciones, y convertir esa operación en la base de profesionales y proveedores que Mendoza no pudo desarrollar en las últimas dos décadas.

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