2026-09-24

Cobre para los viñedos y un blanco en profundidad: las dos escalas de San Romeleo en Mendoza

El proyecto de pequeña minería que busca abastecer de cobre para insumos destinados a la vitivinicultura llegó a la Legislatura mendocina. Sobre la misma propiedad, el esquema distrital de Malargüe busca habilitar exploración en profundidad en busca de un sistema tipo pórfido.

Entre los años cincuenta y los setenta, una planta de Guaymallén, en el Gran Mendoza, producía sulfato de cobre con mineral mendocino para la agricultura provincial. Medio siglo después, un yacimiento pequeño del sur de Malargüe busca recuperar ese eslabón con 40 toneladas diarias de mineral. Pero San Romeleo suma además otra posibilidad: sobre la misma propiedad se tramita el permiso para buscar un pórfido de cobre en profundidad. La pequeña minería que hoy apunta a los viñedos puede funcionar como primer escalón hacia una operación de otra escala, un recorrido que la minería andina ya conoce.

El 22 de septiembre, el Poder Ejecutivo de Mendoza envió a la Legislatura la Declaración de Impacto Ambiental (DIA) de Cobre San Romeleo. El paso es obligatorio por la Ley 7.722, la cual exige que cada DIA de ese tipo sea ratificada por los legisladores. El titular del proyecto es LABSA S.A. y la operación estará a cargo de AREX Mining S.A. El destino del cobre es la cadena agrícola: óxido de cobre como materia prima para sulfato, oxicloruro y otros fungicidas que usan los viñedos mendocinos, incluidos los orgánicos.

El expediente está resuelto para una escala: la del óxido. La otra escala depende de un segundo expediente -el de exploración dentro del distrito minero de Malargüe- y de lo que decida quien controla la propiedad.

Una cantera de los años sesenta que vuelve

San Romeleo no es un descubrimiento nuevo. La propiedad, en el Puesto Aguas de Isaac, Quebrada de San Romeleo, distrito Río Barrancas, a unos 160 kilómetros al sur de la ciudad de Malargüe, tiene antecedentes de explotación desde la década de 1960. El proyecto actual plantea rehabilitar esa cantera preexistente.

Los números describen una operación de pequeña minería en sentido estricto. La capacidad prevista es de 40 toneladas de mineral por día sobre reservas estimadas en 257.000 toneladas, con una ley media de 1,29% de cobre y un horizonte de unos 20 años. La extracción se hará a cielo abierto, en bancos de 2 a 4 metros, con arranque mecánico. El mineral es predominantemente oxidado y tiene presencia mínima de sulfuros, lo que reduce el riesgo de drenaje ácido.

El proceso está diseñado en función del producto. El mineral se trata con una lixiviación alcalina amoniacal en circuito cerrado, con carbonato de amonio, compatible con las restricciones de la Ley 7.722. El resultado es un insumo con un comprador definido en la provincia: la industria que fabrica sulfato de cobre y fungicidas para la agricultura.

La DIA le pone condiciones previas a la construcción. La empresa debe presentar una Línea de Base Ambiental, obtener el permiso de agua del Departamento General de Irrigación (el organismo que administra el recurso hídrico en Mendoza) y presentar la ingeniería del dique de colas, las escombreras y la pileta de mineral agotado. El destino agrícola del óxido tiene además un antecedente en la historia minera de la provincia.

Mendoza ya usó el cobre para la agricultura

La autoridad provincial resumió el punto de partida: "En Mendoza la agricultura importa el sulfato de cobre". Según su estimación, la producción de San Romeleo podría sustituir cerca del 75% de esas importaciones provinciales.

La provincia no siempre dependió de afuera para ese insumo. En 1952 empezó a operar en San José, en el departamento de Guaymallén, parte del Gran Mendoza, la planta de Electroquímica Mendocina S.A., dedicada a producir cobre electrolítico y sulfato de cobre con mineral mendocino. La abastecían la mina Salamanca, en Tupungato, a 2.500 metros de altura, y el Cerro Mirano, en el sur provincial. Desde inicios de los años sesenta y hasta 1973, el mineral llegó de Mantos de Cobre, cerca de Paramillos de Uspallata y Yalguaraz. Esa planta llegó a ser clave para que Mendoza concentrara el 60% de la producción argentina de cobre.

San Romeleo retoma ese eslabón medio siglo después, con otra tecnología y un yacimiento del extremo sur de la provincia: cobre extraído en Mendoza para abastecer a la agricultura mendocina. La diferencia es que esta vez el proyecto no se agota necesariamente en la superficie.

El mismo polígono, mirado en profundidad

La propiedad forma parte también de Malargüe Distrito Minero Occidental III (MDMO III), la tercera tanda del esquema con el que Mendoza agrupa proyectos de exploración bajo un único Informe de Impacto Ambiental. El proponente de ese informe es Impulsa Mendoza Sostenible S.A., la empresa de capital estatal que convoca a los titulares de derechos mineros, arma la línea de base regional y gestiona el trámite ante la Autoridad Ambiental Minera y luego ante la Legislatura. MDMO III reúne 71 proyectos en un polígono de unos 18.754 km².

Dentro de ese paquete, San Romeleo figura como proyecto N.º 68 y se evalúa solo para exploración: mapeo geológico, muestreo, geofísica y perforación diamantina. El objetivo son las estructuras profundas y los posibles sistemas tipo pórfido de cobre, en un entorno geológico dominado por unidades del Grupo Neuquén y el Macizo Volcánico de La Payunia.

Ese carril tiene pendientes propios. El dictamen técnico de la Facultad de Ciencias Aplicadas a la Industria de la Universidad Nacional de Cuyo determinó que el informe cumple de manera parcial con la normativa. Pidió corregir una superposición de unos 0,57 km² con el proyecto Pórticos, de MDMO I, y exigió que la evaluación de la exploración incorpore la carga acumulada de la planta de óxido de cobre. También pidió una cartografía preliminar de áreas de exclusión antes de cualquier habilitación.

San Romeleo quedó así partido en dos expedientes que avanzan a velocidades distintas: el de superficie casi cerrado (falta ratificación legislativa), el de profundidad todavía en revisión. Si la perforación confirmara algo mayor, el cambio para el proyecto no sería de grado sino de naturaleza, y la minería andina tiene un caso que muestra cómo se procesa ese salto cuando empieza en la pequeña minería.

Del pirquinero a la concentradora: el antecedente de Andacollo

En los pórfidos de cobre andinos, los óxidos de superficie suelen ser la expresión meteorizada de un sistema mayor. La zona oxidada y el enriquecimiento supergénico se forman arriba, y el cuerpo primario, hipógeno, queda en profundidad.

Por ejemplo, la mina Carmen de Andacollo, en la región chilena de Coquimbo, recorrió ese camino completo. El distrito fue trabajado durante generaciones por pirquineros, los mineros artesanales chilenos. En 1975, la estatal Empresa Nacional de Minería (ENAMI) fue autorizada a adquirir propiedades en la zona.

La producción industrial comenzó en 1994 sobre la porción supergénica, con una sociedad con Teck (compañía que explora en San Juan y estuvo hace poco reunida con autoridades mendocinas) en la que ENAMI conservó el 10%. Cuando Teck tomó el control y construyó una concentradora, en producción comercial desde octubre de 2010 y con una inversión cercana a US$440 millones, la escala saltó a unas 65.000 toneladas anuales de cobre en concentrado, frente a unas 7.000 toneladas de cátodos de la etapa supergénica. ENAMI mantuvo su 10%.

San Romeleo no tiene hoy nada que permita suponer una escala parecida. Tiene 257.000 toneladas de óxidos y un blanco sin perforar. El caso chileno no sirve para dimensionar el yacimiento mendocino. Sirve para ver qué hace falta para pasar de una etapa a otra. Un titular que abra la puerta a un socio de mayor escala y un Estado con un instrumento que acompañe a la pequeña minería mientras eso ocurre. En San Romeleo, lo primero depende del titular.

Tres caminos para buscar abajo

El esquema distrital no cambia la titularidad. Impulsa actúa como proponente y gestor del Informe de Impacto Ambiental conjunto, pero los derechos mineros siguen en manos de sus titulares, que adhieren al distrito para obtener la habilitación ambiental de la exploración. La decisión de perforar San Romeleo en profundidad, y de hacerlo solo o acompañado, es de quien controla la propiedad. Malargüe ya ofrece referencias para cada alternativa.

El primer camino es financiar la exploración con recursos propios. Es el más lento para una operación cuya inversión productiva total ronda los US$3 millones, porque una campaña diamantina sobre un blanco de pórfido puede costar varias veces ese monto.

El segundo es asociarse con una compañía de mayor escala, y la referencia está en el mismo departamento. En mayo, Kobrea Exploration informó que su primera campaña en El Perdido. En agosto firmó con la división de exploración de BHP un acuerdo de earn-in: la major financia la exploración por etapas y, a cambio, puede quedarse con la mayoría de hasta cuatro proyectos de Kobrea en Malargüe Distrito Minero Occidental.

El modelo muestra cómo un titular pequeño puede ceder participación a cambio de una exploración financiada.

El tercero es el instrumento que armó la propia provincia. En agosto, Impulsa convocó a titulares de derechos mineros de MDMO I, II y III y del Distrito Norte a presentar activos para el Fondo Común de Inversión Cerrado Minero, administrado por Max Capital Asset Management con Banco Comafi como depositaria. En ese fondo, Impulsa actúa como asesor de inversión con recomendaciones no vinculantes.

El plazo para manifestar interés venció el 26 de agosto y el fondo estaba en trámite ante la Comisión Nacional de Valores.

Los tres caminos tienen algo en común. Están pensados para la exploración. Ninguno se ocupa de la operación de óxidos que va a producir en la superficie mientras tanto, y ahí la comparación con Chile vuelve a aparecer.

Una política para la escala chica

ENAMI nació en 1960 con un mandato específico: fomentar la pequeña y mediana minería con crédito, asistencia técnica y compra de minerales. Opera una red de poderes compradores, plantas de beneficio en Taltal, Paipote, El Salado, Vallenar y Ovalle, y la fundición Hernán Videla Lira, en Atacama.

Para un productor chico, eso significa un comprador asegurado, un precio de referencia y una planta donde procesar lo que extrae. Cuando un yacimiento cambia de escala, como en Andacollo, esa misma empresa conserva una participación en el negocio mayor.

Mendoza estrena con San Romeleo su primera experiencia de pequeña minería del cobre en esta etapa, con un esquema que no depende de un poder comprador estatal. El proyecto tiene su propio comprador en la industria de fungicidas y un proceso diseñado para convivir con la Ley 7.722. En esa escala, la apuesta es recuperar un eslabón que la provincia tuvo entre los años cincuenta y los setenta, cuando producía el sulfato que hoy importa.

Los instrumentos que la provincia desarrolló en los últimos años, el esquema distrital y el fondo de inversión, apuntan a otra etapa del negocio. La exploración y, eventualmente, la llegada de capital de mayor escala. San Romeleo reúne las dos cosas en una misma propiedad. Lo que Mendoza tiene por delante es definir si la pequeña minería productiva necesita una política propia, con reglas para acompañarla mientras opera y para ordenar su lugar en el negocio si la exploración de abajo encuentra algo mayor.

 

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