El mayor expediente de MDMO eleva la exigencia técnica del modelo de distritos mineros en Mendoza
La tercera etapa de Malargüe Distrito Minero Occidental (MDMO III) puso al proceso ambiental frente a un desafío que no había enfrentado hasta ahora. Con 71 proyectos de exploración metalífera, esta etapa supera por sí sola las dos fases anteriores del distrito, que incorporaron 34 y 27 iniciativas, respectivamente. El salto de escala elevó la complejidad técnica de la evaluación, multiplicó las observaciones formuladas por la Facultad de Ciencias Aplicadas a la Industria (FCAI) de la UNCUYO y derivó en un intercambio técnicos sin precedentes entre la auditoría y la empresa Impulsa Mendoza.
Esa complejidad también quedó reflejada en los tiempos del procedimiento. Durante el análisis de los informes, Impulsa solicitó sucesivas prórrogas para responder al dictamen técnico elaborado por la FCAI. La contestación final superó las 1.500 páginas, un volumen que refleja la magnitud técnica alcanzada por esta tercera etapa.
El proceso expone dos criterios técnicos sobre cómo debe evaluarse una etapa inicial de exploración. Por un lado, el equipo auditor de la Facultad de Ciencias Aplicadas a la Industria (FCAI) de la UNCUYO cuestiona la calidad metodológica de numerosos informes y sostiene que varios de ellos resultan "técnicamente inaceptables" por apoyarse principalmente en información de gabinete y carecer de validación suficiente en terreno. Por el otro, Impulsa Mendoza Sostenible S.A. sostiene que esas exigencias exceden el alcance previsto por el Decreto 820/06 para esta instancia del procedimiento ambiental y defiende un esquema de evaluación progresiva, en el que parte de la información se complete durante el desarrollo de los proyectos.
Las visiones sobre la escala
Uno de los puntos que observa la FCAI es la forma en que fueron evaluados los impactos ambientales. Según los dictámenes técnicos, los proyectos fueron analizados de manera individual, como si cada uno constituyera un enclave independiente, sin incorporar los efectos acumulativos que podría generar la ejecución simultánea de decenas de iniciativas dentro de un mismo territorio.
La auditoría sostiene que variables como emisiones de polvo, ruido o tránsito fueron calculadas caso por caso, sin considerar la capacidad de carga del área ni la interacción entre proyectos vecinos. En distintos informes se citan casos de proyectos como Cerro Vallecitos, Cobre Medio y El Poroto para ejemplificar esta metodología, que además dejaría fuera del análisis la actividad petrolera y otros usos preexistentes del territorio.
Frente a esta observación, Impulsa Mendoza sostiene que la evaluación acumulativa de todo el distrito no corresponde a cada Informe de Impacto Ambiental individual, sino a la Autoridad Competente. La empresa considera que trasladar esa responsabilidad a cada expediente excede el alcance previsto para una etapa de exploración inicial.
El alcance de la evaluación ambiental
Otro de los ejes de la respuesta de Impulsa se centra en la escala real de los proyectos analizados. Frente al planteo de modelar escenarios de impactos acumulativos y eventuales colapsos logísticos, la empresa sostiene que existe un error conceptual al proyectar efectos propios de una etapa de explotación sobre iniciativas que aún se encuentran en prospección o exploración inicial.
Como respaldo de esa postura, la empresa sostiene que la exploración es un proceso altamente selectivo. Según una estadística habitual de la industria, alrededor de uno de cada cien proyectos que inicia la etapa de prospección alcanza finalmente una fase avanzada de desarrollo minero.
Bajo ese criterio, la empresa considera que exigir estudios de detalle sistémico para la totalidad del distrito resulta procedimentalmente inviable en esta instancia y reiteró que ese tipo de evaluación corresponde al Estado como autoridad ambiental y no a cada proyecto individual.
La presión sobre un territorio ya ocupado
La FCAI también incorpora observaciones sobre la dimensión territorial y social del distrito. Los dictámenes sostienen que el área ya registra una importante actividad vinculada al petróleo, el turismo y la ganadería, por lo que advierten sobre una posible presión adicional sobre la infraestructura existente.
Entre los aspectos señalados figura la necesidad de incorporar la dinámica de la trashumancia y del arreo ganadero al análisis ambiental. Los auditores advierten que la apertura de nuevos caminos podría generar efectos de barrera sobre recorridos utilizados históricamente por los crianceros.
En ese contexto, los informes identifican áreas con una importante presencia de puestos ganaderos, como los 209 registrados en la zona de influencia del proyecto Galáctica y los 61 vinculados al proyecto Las Chacras, cuyos sistemas productivos dependen del acceso a pasturas y aguadas.
Impulsa Mendoza sostiene que los niveles de tránsito previstos para una etapa exploratoria inicial son técnicamente reducidos y que no existen elementos para proyectar escenarios de saturación logística en esta fase del desarrollo.
La MPA 1 como eje de la validación en terreno
Gran parte de la estrategia de respuesta de Impulsa se concentra en la Medida de Protección Ambiental 1 (MPA 1). A través de este mecanismo, la empresa reconoce que buena parte de la información presentada corresponde a una caracterización regional elaborada con información de gabinete, pero asume el compromiso de validar esos datos directamente en terreno antes de ejecutar cualquier intervención.
Según la empresa, este esquema replica el procedimiento aplicado en las etapas I y II de Malargüe Distrito Minero Occidental, donde parte de la línea de base ambiental se completó durante el desarrollo posterior de los proyectos.
La resolución de este intercambio técnico será determinante para definir si iniciativas que recibieron observaciones relevantes, como NIN I o San Romeleo -este último con observaciones vinculadas a superposiciones catastrales- continúan su tramitación bajo un esquema de validación progresiva o si la Autoridad Ambiental exige que esa información quede acreditada antes del otorgamiento de la Declaración de Impacto Ambiental.
Los casos de San Romeleo y Corcovo
Dentro de los 71 proyectos que integran MDMO III aparecen nombres que ya tienen recorrido propio dentro del proceso de reactivación minera de Mendoza: San Romeleo y Corcovo. Ambos forman parte del paquete de iniciativas evaluadas en esta tercera etapa, pero también avanzan en procesos paralelos que los convierten en casos testigo dentro de la discusión técnica.
En el caso de San Romeleo, el proyecto ya había comenzado a recorrer un camino independiente del distrito al impulsar la reactivación para la producción de óxido de cobre, instancia que incluso atravesó el proceso de audiencia pública. Precisamente ese antecedente forma parte de las observaciones realizadas por la FCAI durante la revisión ambiental de MDMO III.
Según la auditoría, el área de San Romeleo presenta una compleja superposición administrativa. El proyecto se encuentra contenido dentro del polígono de otro expediente de MDMO III y, además, comparte sectores con Pórticos, incorporado durante la primera etapa del distrito. Para los auditores, esa configuración dificulta una adecuada delimitación de responsabilidades ambientales.
A ello se suma otro de los cuestionamientos centrales: la universidad sostiene que el Informe de Impacto Ambiental no incorpora la actividad vinculada a la reactivación para producir óxido de cobre ya prevista para el mismo sector, por lo que considera que el análisis no refleja la carga ambiental real del área. También solicita profundizar la evaluación sobre la trashumancia y la coordinación con actividades turísticas en una zona donde los accesos continúan siendo limitados.
Otro caso es Corcovo, un proyecto que, paralelamente a su incorporación a MDMO III, forma parte de los trabajos que desarrolla Blue Sky Uranium para evaluar el potencial de producción de uranio mediante recuperación in situ (ISR). La compañía viene procesando información obtenida a partir de antiguos pozos petroleros existentes dentro de la propiedad como parte de sus programas de exploración.
En la revisión ambiental de MDMO III, sin embargo, la FCAI plantea observaciones diferentes. Los dictámenes sostienen que el informe caracteriza el área como un ambiente prácticamente natural, sin incorporar la infraestructura existente del yacimiento petrolero El Corcovo, uno de los principales campos hidrocarburíferos convencionales de la región.
La auditoría considera que esa omisión afecta la evaluación del paisaje, del tránsito y de los impactos acumulativos, al no contemplar la interacción con la actividad petrolera ya instalada ni la utilización compartida de caminos e infraestructura. Además, detectó una inconsistencia cartográfica al señalar que dos de las propiedades mineras proyectan aproximadamente 10,5 kilómetros cuadrados dentro de la provincia de La Pampa, situación que recomienda corregir durante el proceso administrativo.
Con 71 proyectos bajo evaluación simultánea, MDMO III se convirtió en la etapa más exigente desde la creación del distrito. La resolución de las observaciones formuladas por la FCAI marcará el criterio técnico que utilizará Mendoza para analizar futuras incorporaciones al esquema de distritos mineros.
Más allá del resultado administrativo de cada expediente, el proceso dejó planteada una discusión de fondo sobre el alcance que deben tener los estudios ambientales en etapas tempranas de exploración y sobre cómo evaluar el efecto acumulativo de un distrito que continúa creciendo en cantidad de proyectos.