Japón impulsa una nueva refinería de tierras raras para reducir la dependencia de China
La empresa japonesa Shin-Etsu Chemical, uno de los principales fabricantes de imanes de tierras raras fuera de China, avanzará con la construcción de una nueva planta de refinación en la prefectura de Fukui, en una iniciativa respaldada por el gobierno japonés para fortalecer la seguridad de suministro de minerales críticos.
La compañía confirmó el proyecto en medio de las crecientes tensiones comerciales y geopolíticas vinculadas al mercado de las tierras raras, un grupo de minerales esenciales para la fabricación de vehículos eléctricos, turbinas eólicas, dispositivos electrónicos y aplicaciones vinculadas a la defensa.
Según medios japoneses, la inversión superará los 35.000 millones de yenes (unos US$218 millones), de los cuales aproximadamente la mitad será financiada mediante subsidios estatales. Aunque Shin-Etsu no detalló aún los plazos de ejecución ni la capacidad productiva de la futura instalación, sí confirmó que contará con apoyo económico del gobierno.
La nueva planta será la tercera instalación de procesamiento de tierras raras de la empresa en Japón y la primera de este tipo que desarrolla desde 2008. El objetivo es reforzar la cadena de suministro de materias primas utilizadas en la producción de imanes permanentes, un insumo clave para múltiples industrias tecnológicas.
La decisión llega en un momento particularmente sensible para Japón. En los últimos meses, China restringió las exportaciones de varias tierras raras pesadas, entre ellas disprosio, terbio e itrio, además del galio, materiales considerados estratégicos para sectores industriales y de defensa. Las limitaciones se producen en medio de tensiones diplomáticas entre ambos países y reavivaron la preocupación por la fuerte concentración de la oferta global en manos de Beijing.
Diversos analistas consideran que el proyecto tiene una importancia que trasciende lo industrial. Para Japón, asegurar el acceso a minerales críticos se ha convertido en una cuestión de seguridad económica y nacional, especialmente ante la creciente utilización de las cadenas de suministro como herramienta de presión geopolítica.
La iniciativa forma parte de una estrategia más amplia impulsada por Tokio para disminuir su dependencia de China en el abastecimiento de minerales críticos. En los últimos años, Japón ha promovido acuerdos internacionales, respaldado proyectos de producción en otros países y financiado programas de exploración y procesamiento alternativos para diversificar el origen de estos recursos.
Estados Unidos, Europa, Australia y ahora Japón buscan fortalecer sus propias cadenas de suministro de minerales estratégicos ante el dominio que mantiene China en la minería y, especialmente, en el procesamiento de tierras raras, una etapa considerada uno de los principales cuellos de botella de la industria global.
M&D con información de MiningWeekly