Investigación científica sobre la cordillera

Un estudio del CONICET revela cómo están cambiando 229 glaciares y qué significa para la minería

Una investigación sobre los Andes centrales argentinos revela que la superficie rocosa sobre los glaciares aumentó un 20% en cuatro décadas y que la nieve permanece cada vez a mayor altura al finalizar el verano. Los resultados, especialmente relevantes para San Juan y Mendoza, plantean nuevos desafíos para la disponibilidad de agua, los controles ambientales y las inversiones mineras.
El glaciar Agua Negra, en San Juan, forma parte de las reservas de hielo de los Andes centrales afectadas por los cambios climáticos.
El glaciar Agua Negra, en San Juan, forma parte de las reservas de hielo de los Andes centrales afectadas por los cambios climáticos.

Los glaciares de los Andes centrales están cambiando y buena parte de esas transformaciones no se advierte a simple vista, porque el hielo queda progresivamente cubierto por rocas y sedimentos.

Esta es una de las principales conclusiones de un estudio realizado por investigadores del IANIGLA-CONICET y otras instituciones científicas, publicado en la revista internacional Journal of Glaciology.

La investigación, encabezada por Juan Cruz Ghilardi Truffa junto con otros seis especialistas, analizó la evolución de 229 glaciares entre 1985 y 2024 mediante más de 60.000 imágenes satelitales.

Los resultados indican que la proporción de superficie cubierta por rocas y sedimentos aumentó aproximadamente un 20%, mientras que la altura desde la cual comienzan a aparecer esos materiales sobre el hielo ascendió 122 metros.

Esto significa que las rocas están ocupando una porción cada vez mayor de la superficie glaciar y apareciendo en sectores más elevados de la cordillera, principalmente como consecuencia de procesos asociados al derretimiento y la exposición de materiales que antes permanecían dentro o debajo del hielo.

Los científicos también estimaron que la línea de nieve al finalizar el verano ascendió 181 metros y que la proporción de superficie nevada disminuyó nueve puntos porcentuales, aunque estas dos mediciones presentan mayores márgenes de incertidumbre.

En términos sencillos, los glaciares terminan muchos veranos con menos nieve que los proteja y permita recuperar parte del hielo perdido, una situación que puede comprometer su evolución futura.

San Juan, entre las zonas más sensibles

El estudio comprendió las cuencas de los ríos San Juan, Mendoza, Tunuyán, Diamante y Atuel, donde se concentra una parte importante de las reservas de hielo de los Andes centrales argentinos.

En la cuenca del río San Juan se analizaron 47 glaciares que ocupan aproximadamente 150 kilómetros cuadrados, mientras que en la cuenca del río Mendoza se estudiaron 93 glaciares con una superficie conjunta de 339 kilómetros cuadrados.

Uno de los resultados más importantes para San Juan fue el ascenso estimado de 222 metros en la línea de nieve al terminar el verano, el mayor desplazamiento calculado entre las cinco cuencas investigadas.

Esto indica que, durante las últimas cuatro décadas, la nieve que permanece al finalizar el verano tendió a concentrarse en sectores más altos de los glaciares sanjuaninos.

Los investigadores también observaron un aumento de los episodios en los que determinados glaciares llegan al final del verano sin nieve superficial, una condición que puede reflejar dificultades para recuperar la masa de hielo perdida.

El trabajo señala que buena parte de estos cambios se aceleró después de 2009, cuando comenzó un prolongado período de sequía en los Andes centrales, acompañado por un aumento de las temperaturas. Nada responde a la actividad minera.

Un dato particularmente relevante es que la reducción de las precipitaciones mostró una relación estadística más fuerte con los cambios observados que el aumento de la temperatura, lo que confirma la importancia de las nevadas para la conservación de estas reservas de agua.

Las consecuencias para la minería

Para la minería, el estudio representa una advertencia sobre la necesidad de conocer mejor las condiciones naturales de la cordillera antes de proyectar inversiones, infraestructura y operaciones que pueden extenderse durante varias décadas.

En provincias como San Juan y Mendoza, donde existen importantes proyectos de cobre y otros minerales, la disponibilidad futura de agua es una variable central para las decisiones empresariales y las evaluaciones ambientales.

Uno de los aportes más importantes de la investigación es demostrar que una superficie cubierta por rocas no necesariamente es terreno sin hielo, porque debajo de esos materiales pueden existir masas glaciares cuya presencia no resulta evidente.

Los científicos explican que una capa delgada de rocas puede acelerar el derretimiento al absorber más radiación solar, mientras que una cobertura más gruesa puede proteger parcialmente el hielo de las temperaturas exteriores.

Esta diferencia resulta fundamental para los estudios ambientales de proyectos mineros, ya que identificar una superficie rocosa no alcanza para determinar si existe hielo debajo ni cómo responde a las condiciones climáticas.

Por eso, las imágenes satelitales deben complementarse, cuando corresponda, con mediciones de campo y estudios especializados que permitan identificar las características del terreno y su evolución.

Es importante aclarar que la investigación no estudió impactos de la actividad minera ni atribuyó a las empresas las transformaciones observadas, sino que analizó principalmente la relación entre el comportamiento de los glaciares, las precipitaciones y las temperaturas.

La nueva discusión ambiental

Los resultados también adquieren importancia frente a la modificación de la Ley de Glaciares aprobada por el Congreso en abril de 2026, que otorgó mayores responsabilidades a las autoridades provinciales para identificar glaciares y ambientes periglaciales con funciones hídricas.

La Ley 27.804 establece que esas decisiones deben estar respaldadas por estudios técnico-científicos y mantiene prohibiciones para las actividades que puedan alterar de manera relevante las condiciones naturales o las funciones hídricas de los ambientes protegidos.

En ese contexto, la investigación aporta información para mejorar el conocimiento sobre las masas de hielo y reducir errores de identificación, aunque no determina por sí sola qué terrenos pueden ser utilizados para desarrollar actividades mineras.

También es necesario diferenciar los glaciares cubiertos por rocas, que son el objeto de este estudio, de los glaciares de escombros, que presentan características y procesos diferentes.

Los investigadores desarrollaron además una herramienta informática llamada ANDESMAG, que permite analizar imágenes satelitales y seguir anualmente los cambios en la superficie de los glaciares, con una precisión de clasificación del 94% en las pruebas realizadas.

Este avance puede ser útil tanto para las autoridades ambientales como para las empresas, porque facilita la comparación de información histórica y la detección de cambios en sectores de alta montaña.

Sin embargo, los autores reconocen que el sistema tiene limitaciones y que parte de la roca descubierta por el retroceso glaciar puede confundirse con hielo cubierto por sedimentos, por lo que recomiendan complementar sus resultados con información actualizada.

Para la minería del cobre en San Juan, el mensaje es claro: conocer mejor la evolución de los glaciares y las condiciones hídricas de la cordillera permite anticipar riesgos, mejorar los proyectos y dar mayor solidez a los estudios ambientales.

La investigación no establece nuevas prohibiciones ni demuestra que las inversiones mineras sean incompatibles con la protección glaciar, pero ofrece información que debe ser considerada al evaluar proyectos y planificar su desarrollo.

El desafío para las provincias, las empresas y los organismos científicos será utilizar estas herramientas con criterios técnicos verificables, protegiendo los recursos hídricos y ofreciendo reglas claras para las inversiones.

La minería necesita certezas para invertir y la sociedad necesita garantías sobre la protección del agua. Este estudio demuestra que una parte importante de esas certezas depende de conocer mejor lo que está ocurriendo debajo de las rocas de la cordillera.

 

 

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