Gestión hídrica y desarrollo industrial

La industria petrolera tiene mucho que aprender de la minería para reducir el consumo de agua

El gobierno de Neuquén aumentó el costo del agua para las petroleras y recibió proyectos para reutilizarla y desarrollar áreas agrícolas. La minería ofrece experiencias concretas en Veladero y en los diseños de Vicuña y Los Azules, donde la reducción de la huella hídrica forma parte de la planificación ambiental desde las primeras etapas de los proyectos.

La industria petrolera argentina comienza a enfrentar un desafío que la minería incorporó hace décadas a sus operaciones: reducir la cantidad de agua fresca que necesita para producir, mediante sistemas de recuperación, recirculación y aprovechamiento eficiente del recurso.

El gobierno de Neuquén recibió 22 proyectos de once empresas que operan en Vaca Muerta, destinados a reutilizar agua de producción y desarrollar más de 200 hectáreas agrícolas.

Las iniciativas aparecen después de que la provincia decidiera aumentar el canon por el agua utilizada en las operaciones no convencionales, con nuevos incrementos previstos para enero de 2027.

La decisión provincial constituye un avance porque incorpora incentivos económicos para disminuir las nuevas captaciones. Sin embargo, la experiencia minera demuestra que la eficiencia hídrica debe formar parte del diseño de los proyectos y no solamente aparecer como respuesta al aumento de los costos.

En San Juan existen ejemplos concretos de esta política, tanto en la mina de oro Veladero como en los proyectos de cobre Vicuña y Los Azules.

En los tres casos, con tecnologías y etapas de desarrollo diferentes, la utilización eficiente del agua constituye un componente de sus diseños y compromisos ambientales.

Ejemplos en San Juan

Veladero utiliza sistemas de recuperación y recirculación de soluciones en su proceso de lixiviación de oro y plata, lo que permite aprovechar parte del agua varias veces antes de necesitar nuevas incorporaciones.

Un documento técnico disponible en el repositorio del Ministerio de Economía de la Nación consignó, como antecedente histórico, que Veladero registraba un uso de aproximadamente 57 litros por segundo frente a un permiso de 110 litros por segundo.

En el caso de Josemaría, hoy integrado en Vicuña junto con Filo del Sol, el proyecto cuenta con una Declaración de Impacto Ambiental de explotación otorgada en 2022.

Sus diseños y posteriores actualizaciones incorporan medidas de administración y recuperación de agua de proceso, cuya ejecución deberá ajustarse a las autorizaciones ambientales correspondientes.

Los Azules ofrece otro ejemplo particularmente significativo porque la selección de su tecnología productiva estuvo vinculada con la necesidad de disminuir la demanda de agua. El proyecto obtuvo su Declaración de Impacto Ambiental de explotación en diciembre de 2024.

Según su estudio de factibilidad de 2025, la producción de cobre mediante lixiviación y procesos hidrometalúrgicos permitiría utilizar un 74% menos de agua fresca que una alternativa convencional de molienda y concentración.

La demanda media proyectada es de 159 litros por segundo durante la vida útil de la mina, aunque se trata de estimaciones de diseño y no de consumos operativos ya registrados.

Campamento de Josemaría, hoy integrado en Vicuña, en la cordillera sanjuanina, donde la gestión eficiente del agua forma parte de la planificación ambiental del proyecto.

Desde la exploración

El compromiso minero con el uso eficiente del recurso no comienza cuando una mina entra en producción. Se incorpora desde las actividades de prospección y exploración, donde los informes ambientales identifican las fuentes de abastecimiento, los volúmenes previstos y las medidas necesarias para disminuir consumos y evitar impactos.

Las campañas de perforación pueden incorporar recuperación de fluidos, circuitos de recirculación, estanques de sedimentación y otras soluciones adaptadas a las condiciones de cada proyecto.

La aplicación de estas tecnologías depende de las características técnicas y ambientales de las operaciones, pero el criterio de reducir la huella hídrica acompaña las distintas etapas de desarrollo.

Esta práctica no es exclusiva de la minería argentina. El Consejo Internacional de Minería y Metales (ICMM) promueve estándares de gestión responsable del agua que incluyen incrementar la eficiencia, maximizar el reciclaje y la reutilización, y publicar información sobre los consumos y los riesgos asociados a cada operación.

En Chile, donde la disponibilidad de agua constituye uno de los principales desafíos para las explotaciones de cobre, la recirculación alcanza aproximadamente tres cuartas partes del agua utilizada por la industria.

Se trata de una referencia internacional que demuestra la importancia de invertir en tecnologías para reducir las nuevas captaciones.

El desafío petrolero

Los proyectos presentados en Neuquén buscan reemplazar con agua de producción tratada al menos el 10% del agua dulce utilizada en cada fractura hidráulica. También incluyen iniciativas agrícolas que permitirían incorporar más de 200 hectáreas productivas y, en etapas posteriores, ampliar significativamente esa superficie.

El desarrollo de nuevos cultivos puede generar oportunidades económicas, empleo y actividades complementarias para las localidades vinculadas con Vaca Muerta.

Sin embargo, destinar agua al riego no significa necesariamente disminuir la huella hídrica si esa demanda requiere extraer volúmenes adicionales de los ríos o de otras fuentes naturales.

La comparación con la minería exige reconocer diferencias técnicas importantes. Mientras las operaciones metalíferas pueden recuperar grandes cantidades de agua dentro de circuitos relativamente continuos, en las fracturas petroleras una parte permanece en las formaciones geológicas y otra regresa con sales e hidrocarburos que requieren tratamientos específicos.

Esto no impide avanzar hacia mayores niveles de recuperación, sino que obliga a invertir en tecnología y establecer objetivos verificables para cada operación. También permite evaluar el aprovechamiento del agua tratada para usos industriales auxiliares y control de polvo en caminos, siempre que su calidad resulte compatible con las exigencias ambientales.

La experiencia minera demuestra, además, que los compromisos de reducción del consumo deben ser incorporados a los informes de impacto ambiental y quedar sujetos a seguimiento por las autoridades competentes.

Esto permite comparar los volúmenes proyectados con los efectivamente utilizados y exigir medidas correctivas cuando corresponda.

La menor huella hídrica no se consigue exclusivamente pagando más por el agua ni desarrollando actividades complementarias. Requiere decisiones de ingeniería, inversiones, mediciones permanentes y una planificación que contemple la disponibilidad del recurso durante toda la vida útil de cada emprendimiento.

La minería convirtió ese objetivo en una práctica internacional de gestión ambiental, aunque sus resultados varían entre operaciones y todavía enfrenta importantes desafíos.

La industria petrolera tiene ahora la oportunidad de aprovechar esa experiencia y establecer compromisos concretos de recuperación, recirculación y reducción del consumo de agua fresca.

En regiones donde el recurso resulta estratégico para las comunidades, la agricultura y el desarrollo industrial, el indicador más importante no debería ser solamente cuánta agua se utiliza, sino cuánto se consigue recuperar y cuánta deja de extraerse gracias a las mejoras tecnológicas.

 

 

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