2026-10-02

Argentina acelera su producción de litio y proyecta superar a Chile hacia 2029

La producción en el país alcanzó las 120.000 toneladas de carbonato de litio equivalente en 2025, con un crecimiento interanual del 62%. Las proyecciones anticipan que en los próximos años podría convertirse en el tercer productor mundial.

La industria del litio en Argentina marcó un hito sin precedentes al registrar en 2025 un impresionante crecimiento productivo del 62% interanual, alcanzando un volumen de 120.000 toneladas de Carbonato de Litio Equivalente (LCE). Este desempeño excepcional posicionó al país como la economía minera de mayor dinamismo dentro del panorama internacional, superando holgadamente las tasas de expansión de competidores clave como Australia, China y Chile.

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Según un reciente informe de la Secretaría de Minería de la Nación, el vertiginoso ritmo de avance consolida las proyecciones que anticipan un reordenamiento del mapa global del metal blanco: se prevé que hacia 2029 Argentina supere a Chile para colocarse como el tercer productor mundial de litio. Aunque el vecino trasandino conserva actualmente las mayores reservas del planeta, la flexibilidad regulatoria y la acelerada atracción de nuevos capitales en Argentina le están permitiendo ganar terreno de forma acelerada.

El sustento de esta expansión radica en una riqueza geológica privilegiada. Como parte fundamental del denominado "Triángulo del Litio", el país alberga el 21% de los recursos identificados a nivel mundial y el 12% de las reservas globales, equivalentes a unos 23 millones de toneladas de LCE concentradas en los salares de la Puna.

El salto cuantitativo observado en 2025 respondió a la puesta en marcha y consolidación de siete proyectos operativos distribuidos entre Jujuy, Salta y Catamarca. Destacan entre ellos las operaciones emblemáticas de Fénix, Salar de Olaroz y Cauchari-Olaroz, sumadas al veloz avance de Centenario-Ratones, Sal de Oro, Tres Quebradas y la reciente incorporación comercial de Mariana en 2026.

En cuanto a la eficiencia por yacimiento, operaciones consolidadas como Fénix sobrepasaron las 31.000 toneladas anuales, trabajando prácticamente a plena capacidad instalada, mientras que Olaroz y Cauchari-Olaroz aportaron más de 34.000 toneladas cada uno, superando el 80% de su capacidad nominal. Al mismo tiempo, los yacimientos más jóvenes atraviesan una acelerada fase de optimización ("ramp-up") que anticipa un flujo aún mayor en el corto plazo.

Un pilar técnico determinante en esta competitividad es la adopción temprana de la Extracción Directa de Litio (DLE). Esta innovación tecnológica reduce los tiempos de procesamiento de años a apenas días, duplica la tasa de recuperación del mineral en comparación con las tradicionales piletas de evaporación y minimiza la huella sobre el suelo y el agua. Actualmente, la mitad de los 15 proyectos avanzados en el país proyecta emplear sistemas DLE.

El sostenimiento de esta curva ascendente demandará un esfuerzo de inversión masivo: la cartera de proyectos en desarrollo contempla un gasto de capital (CAPEX) acumulado de USD 12.700 millones entre 2026 y 2030. Se calcula que el pico de desembolsos se alcanzará en 2027, con más de USD 4.000 millones destinados a infraestructura, equipamiento de alta tecnología y pozos de extracción.

Este flujo constante de inversiones internacionales ha sido favorecido por la certidumbre jurídica que otorga la Ley de Inversiones Mineras, potenciada recientemente por la implementación del Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI). Este marco de fomento contrasta con las trabas normativas y la parálisis regulatoria que aquejan a otros mercados competidores de la región.

En materia de comercio exterior, la actividad litífera se convirtió en una caja generadora de divisas crucial para el país. Durante 2025, las exportaciones del mineral superaron los USD 914 millones, exhibiendo un incremento del 42% en valor y del 57% en volumen (con 113.000 toneladas despachadas), donde el 90% correspondió a carbonato de litio procesado íntegramente en plantas locales.

Los envíos al exterior muestran una marcada concentración geográfica en las potencias industriales asiáticas: China absorbió el 81,1% de las exportaciones argentinas, mientras que la región en su conjunto explicó más del 87% de los destinos. Esta dominancia refleja el papel central de la cadena refinadora china en la producción global de cátodos y baterías de ion-litio.

Pese a un contexto de alta volatilidad de precios internacionales en periodos previos, las operadoras locales mantuvieron márgenes competitivos gracias a una reducción del 1,8% en su "cash cost" en 2025. El estricto control sobre los insumos clave —donde los reactivos químicos y los gastos operativos de planta representan más del 70% de la estructura de costos— permitió amortiguar las fluctuaciones del mercado global.

A nivel internacional, el mercado transita por una etapa de firme recuperación de la demanda, la cual alcanzó los 1,5 millones de toneladas de LCE en 2025 (+26,8% interanual) e irá en ascenso hacia los 3,5 millones de toneladas para 2035. La rápida electrificación del transporte de pasajeros y el vertiginoso auge de los sistemas de almacenamiento de energía por baterías (BESS) constituyen los motores principales de este consumo.

Las proyecciones señalan que el superávit de oferta que caracterizó a los últimos años continuará achicándose hasta transformarse en un déficit estructural hacia 2033, o incluso a partir de 2030 en escenarios de alta exigencia de transición energética. Este estrechamiento del balance favorece la estabilidad de precios y estimula la llegada de capital a yacimientos eficientes como los argentinos.

En sintonía con esta recomposición, los precios del carbonato de litio han comenzado a repuntar durante 2026, alcanzando los USD 22.250 por tonelada en mayo, el nivel más alto en más de dos años. Asimismo, la mayor demanda de baterías LFP (litio-ferrofosfato) por sus menores costos ha fortalecido la cotización del carbonato por sobre el hidróxido de litio, beneficiando directamente al perfil productivo nacional.

Mirando hacia el horizonte de 2035, el potencial de la Argentina promete consolidarse exponencialmente: se proyecta que la producción nacional trepe a 573.300 toneladas de LCE, con una capacidad instalada multiplicada por 3,6 respecto a los niveles de 2025. En un escenario base de precios (estimado en USD 20.000 la tonelada), las exportaciones anuales del sector podrían ingresar USD 11.400 millones, alcanzando hasta USD 13.110 millones en contextos altamente favorables.

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Para transformar este horizonte en una realidad duradera, el informe enfatiza que Argentina deberá afrontar desafíos estratégicos ineludibles: concretar las abultadas inversiones en proyectos DLE, expandir la infraestructura logística e industrial en la Puna y sostener la previsibilidad macroeconómica que permita capturar mayor valor agregado a lo largo de toda la cadena productiva nacional.

 

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