Soberanía y presencia empresaria
Eduardo Elsztain, dueño de Casposo, explicó porque invirtió en Malvinas
Eduardo Elsztain, presidente de Austral Gold, propietaria de Casposo, sostuvo en LinkedIn que la participación económica argentina en Malvinas podía contribuir al reclamo de soberanía.
Explicó que conserva, a través de su empresa, una participación cercana al 2% Falkland Islands Company, la más importante de la isla y que volvería a intentar una operación de mayor alcance.
El empresario dijo que comenzó a comprar acciones en 2005/2006 y buscó ampliar su posición en 2017.
Atribuyó el fracaso a un bloqueo del gobierno británico. También explicó que decidió pronunciarse tras una nota de La Nación y ante mensajes que calificó de conspirativos y antisemitas.
Elsztain intentó ampliar su presencia empresarial en Malvinas a través de Dolphin Fund, un fondo de inversión que ya poseía el 2,54% de FIH Group.
Este grupo era dueño de Falkland Islands Company, la empresa con negocios en las islas. El 15 de marzo de 2017, Dolphin informó que había pedido información a FIH para estudiar la compra del control del grupo. Es decir, el fondo de Elsztain estaba evaluando la compra, pero todavía no había presentado una oferta formal para concretarla.
El post sostiene que la mayoría accionaria terminó en manos de Staunton Holdings, pero el comunicado de FIH del 18 de abril de 2017 registra que esa oferta caducó y que Dolphin desistió tras una aclaración de las autoridades isleñas sobre cambios de propiedad.
Para reconstruir aquel episodio, corresponde conservar esa distinción entre el recuerdo del empresario y los documentos contemporáneos.
Soberanía sobre los negocios
El antecedente permite una lectura política: las restricciones al intento de Elsztain y las medidas anunciadas por Javier Milei comparten la decisión de condicionar negocios cuando se consideran comprometidos intereses de soberanía.
La coincidencia está en el uso de herramientas económicas para defender una posición territorial, aunque cada parte persigue un objetivo opuesto.
El Reino Unido sostiene su control sobre las islas; la Argentina busca recuperar el ejercicio de la soberanía que reclama sobre ellas.
El 3 de septiembre, Milei anunció un endurecimiento de la respuesta contra la explotación petrolera sin autorización argentina, con foco en Sea Lion, de Navitas Petroleum y Rockhopper Exploration.
También planteó ampliar las sanciones y su alcance a empresas prestadoras de servicios. El objetivo declarado es evitar que el petróleo fortalezca económicamente la presencia británica.
Debe distinguirse ese anuncio y las reformas propuestas de su aplicación efectiva: no todo el paquete anunciado constituye una sanción ya impuesta.
Visto desde la posición argentina, el caso Elsztain ofrece un argumento de coherencia: si las autoridades que administran las islas condicionaron una compra privada por sus consecuencias sobre el control económico del territorio, resulta difícil presentar toda restricción argentina como una intromisión inadmisible de la política en los negocios.
El mercado ya había encontrado un límite político cuando quien pretendía ampliar su presencia era un empresario argentino. Esa es la fuerza del antecedente para el debate actual.
Sin embargo, ese paralelismo no significa que el gobierno británico esté de acuerdo con Milei.
Londres rechaza el planteo argentino y sostiene su posición sobre las islas. Tampoco convierte ambos casos en medidas jurídicamente equivalentes: en 2017 se discutía un cambio de control empresarial; ahora la Argentina apunta a actividades petroleras que considera no autorizadas y a quienes participan en ellas.
El precedente aporta un argumento político, pero no determina por sí solo la legalidad ni la eficacia de cada sanción.
La posición de Elsztain
El post no expresa un respaldo de Elsztain a las medidas de Milei. Su relato refuerza la idea de que la economía es parte de la disputa por Malvinas, pero atribuirle conformidad con sanciones específicas exigiría una declaración adicional.
Elsztain buscó acercamiento mediante inversiones; Milei pretende elevar el costo de operar bajo permisos que la Argentina desconoce. Ambas estrategias pueden apuntar al mismo objetivo nacional. Su compatibilidad dependerá de distinguir qué actividades se quiere desalentar y qué vínculos se pretende preservar.
Cómo llegó a Casposo
Elsztain llegó a Casposo a través de Austral Gold, que en 2016 acordó con la australiana Troy Resources la compra por etapas de la mina de oro y plata ubicada en Calingasta, San Juan. La operación comenzó con un 51% por US$1 millón y contempló ampliar la participación. En diciembre de 2019, Austral anunció que había completado la adquisición del 100%. Así, Casposo quedó bajo la propiedad de la compañía que preside el empresario.
Por qué es importante
El caso abre una discusión sobre qué puede aportar un empresario a una causa nacional y cómo se evalúa ese aporte.
La lectura que propone Elsztain vincula inversión y acercamiento político; su eficacia exigiría demostrar resultados concretos.
Una participación accionaria permite intervenir en un negocio, pero por sí sola no resuelve una disputa de soberanía. Tampoco basta una declaración de intención para acreditar influencia diplomática.
Para San Juan, la relevancia es que quien preside la propietaria de Casposo tomó posición en un debate nacional sensible.
Su recorrido muestra capacidad para comprar, financiar y recuperar activos, aunque con años de interrupción.
El desafío hacia adelante será convertir esa visión de largo plazo en continuidad productiva y beneficios locales comprobables. La credibilidad empresaria se construye también explicando qué se controla, qué se intentó y qué resultados se obtuvieron.
Post original de Elsztain
Publicación de Eduardo Elsztain en LinkedIn:
Mi abuelo Isaac siempre me decía que si Argentina se hubiera involucrado económicamente en la vida de las Islas Malvinas durante todo el siglo XX, probablemente hubiéramos evitado la guerra. No fue el único que pensaba eso: Perón intentó comprar la Falkland Islands Company (FIC) más de una vez y también lo intentó el empresario metalúrgico César Cao Saravia en el ‘77. La idea, que coincide con la estrategia diplomática de nuestro país desde hace décadas, era que estrechar los lazos sociales, económicos, culturales y productivos con las Islas Malvinas a través de una empresa argentina podía ayudar en el reclamo de soberanía
Con eso en mente, desde 2005/06 fui comprando acciones de la Falkland Islands Company (FIC), una compañía de enorme relevancia estratégica y económica en las Islas Malvinas que tiene a cargo temas inmobiliarios, agropecuarios, hoteleros, entre otros. En el 2017 se abrió una oportunidad mayor, cuando los propios empleados de FIC hicieron una oferta para comprarla. La bolsa de Inglaterra es la cuna del liberalismo económico y, si una empresa recibe una oferta pública de compra, otra empresa puede ofertar más para quedarse con la compañía en cuestión. Pensé que esa era nuestra oportunidad, así que oferté para quedarme con el control mayoritario de la empresa más importante de las Islas Malvinas. Además de ampararme en la lógica del derecho inglés, pensé que una causa así podía contagiar a cientos de empresarios y ciudadanos argentinos que me acompañarían en la oportunidad de transformar nuestra relación con las Islas a partir del desarrollo económico y social
Al contrario de la cultura liberal de la bolsa inglesa, la propuesta fue bloqueada y prohibida por las autoridades británicas. Inclusive, Theresa May, primera ministra británica de la época, hizo declaraciones en contra de la compra de FIC (hoy FIH Group) por una empresa argentina. Mi empresa solo pudo mantener la participación minoritaria que había comprado a través del mercado -cercana al 2%- que tiene hoy, y la mayoría accionaria terminó en manos de Staunton Holdings Ltd. Todo esto fue público y cubierto por medios como Clarín y Página 12 en el 2017. Hoy volvió a surgir el tema en un artículo de La Nación y por eso hago estas aclaraciones. Porque nuevamente veo aparecer en redes sociales teorías conspirativas y antisemitas sobre mi persona, que distan tanto de la realidad concreta de los acontecimientos que a veces me parece hasta ridículo. Por lo general no hago intervenciones de este tipo, pero la causa Malvinas es tan importante para todos los argentinos, que me parece que no hay que quedarse callado
Por mi edad, desde mis años de formación en el Colegio Nacional Buenos Aires y mi paso por la colimba, la causa Malvinas ha atravesado tanto mi vida privada como la del país. Pensar que podría haber aportado algo desde mi rol empresarial en este tema valió la pena, aunque haya fracasado. Si pudiera, no dudaría en volver a intentarlo -y quién dice, quizás vuelva a pasar.
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