Perú pierde terreno frente al avance de la minería ilegal de oro en la Amazonía
La minería ilegal de oro continúa avanzando sobre la Amazonía peruana, especialmente en la región de Madre de Dios, pese a los operativos desplegados por el Gobierno para intentar frenar una actividad que durante los últimos años amplió su presencia sobre áreas de alto valor ambiental.
Las autoridades peruanas intensificaron las acciones contra los grupos que operan en zonas amazónicas mediante el despliegue de fuerzas militares y policiales. En distintos operativos fueron destruidas dragas, motores, campamentos y otros equipos utilizados para la extracción de oro, pero las intervenciones no lograron detener de manera definitiva el avance de las actividades ilegales.
Uno de los principales focos se encuentra en los alrededores del río Malinowski, donde los operativos encontraron grandes excavaciones, pozas con agua contaminada y estructuras precarias utilizadas para remover sedimentos en busca de pequeñas partículas de oro. La actividad transforma sectores de la selva en extensas áreas degradadas y modifica el curso y las condiciones de los ríos.
El problema excede además la cuestión ambiental. El oro extraído ilegalmente puede ingresar a circuitos comerciales formales, mientras que parte de la producción es trasladada hacia países vecinos como Bolivia y Brasil, lo que dificulta el seguimiento del origen del metal y convierte a la actividad en un problema también relacionado con el contrabando y el crimen organizado.
Una actividad que avanza sobre áreas protegidas
Uno de los principales desafíos para las autoridades peruanas es evitar que la minería ilegal continúe desplazándose hacia áreas protegidas de la Amazonía. Madre de Dios concentra algunos de los ecosistemas de mayor biodiversidad del país y, al mismo tiempo, se convirtió en uno de los principales territorios afectados por la expansión de la extracción aurífera clandestina.
El avance sobre estos espacios implica la eliminación de cobertura vegetal, la apertura de caminos y la generación de grandes pozas donde anteriormente existía bosque. El resultado es una transformación permanente del paisaje y una presión creciente sobre los ecosistemas asociados a los ríos amazónicos.
En uno de los operativos recientes, efectivos de la Marina peruana ingresaron en zonas de explotación ubicadas sobre el río Malinowski. Las fuerzas de seguridad encontraron maquinaria y campamentos utilizados por los mineros y procedieron a destruir parte de los equipos para impedir que las operaciones continuaran.
Sin embargo, la capacidad de los grupos ilegales para trasladarse hacia nuevos territorios representa una de las principales dificultades. La destrucción de un campamento no necesariamente significa el abandono de la actividad: los operadores pueden desplazarse hacia otras zonas de la selva y volver a instalar allí maquinaria y estructuras de extracción.
El impacto sobre los ríos y los bosques
La expansión de la minería ilegal genera un impacto ambiental que va mucho más allá del área ocupada por cada explotación. La remoción de grandes volúmenes de sedimentos modifica los cursos de agua y genera pozas artificiales y sectores de suelo degradado.
A esto se suma el uso de sustancias contaminantes asociadas al procesamiento del oro. La presencia de mercurio constituye uno de los principales problemas vinculados con la minería aurífera ilegal en la Amazonía, debido a su capacidad para incorporarse a los ecosistemas acuáticos y afectar las cadenas alimentarias.
La degradación de los bosques también afecta a las comunidades que dependen de los recursos naturales para su subsistencia. La alteración de los ríos puede repercutir sobre la pesca y el acceso al agua, mientras que la pérdida de cobertura forestal modifica los territorios utilizados por poblaciones locales e indígenas.
El avance de la minería ilegal se produce además en un contexto de precios elevados del oro, que aumentan el incentivo económico para buscar nuevos yacimientos y sostener actividades de extracción incluso en zonas donde la presencia estatal es limitada.
El oro ilegal y las redes de comercialización
Uno de los aspectos más complejos del fenómeno es determinar qué ocurre con el oro una vez extraído. La producción ilegal no necesariamente permanece dentro de circuitos completamente clandestinos.
Parte del metal obtenido en Madre de Dios puede salir del territorio peruano a través de Bolivia y Brasil, mientras que otra parte puede ingresar a cadenas comerciales que formalmente operan dentro del mercado legal. Esta situación dificulta establecer el origen real del oro que llega a los compradores y plantea desafíos para los sistemas de trazabilidad.
La posibilidad de mezclar producción ilegal con oro procedente de operaciones legales constituye uno de los principales problemas para el sector minero formal. La falta de trazabilidad no solo afecta los controles ambientales y tributarios, sino que también puede generar riesgos reputacionales y regulatorios para las empresas y compradores que participan de la cadena.
El fenómeno también está relacionado con estructuras criminales que utilizan la minería como fuente de financiamiento. En distintas zonas de la Amazonía, la expansión de la actividad ilegal estuvo acompañada por amenazas contra comunidades y defensores ambientales, además de otros delitos vinculados con el control territorial.
Una batalla que el Estado todavía no logra cerrar
Perú enfrenta así un escenario en el que los operativos de seguridad logran destruir infraestructura ilegal, pero no consiguen eliminar las condiciones que permiten que la actividad reaparezca. La extensión territorial de la Amazonía, el elevado valor del oro y la capacidad de desplazamiento de los grupos ilegales dificultan una solución exclusivamente basada en acciones represivas.
El desafío también implica controlar las rutas por las que circula el mineral y fortalecer los mecanismos que permitan identificar su procedencia antes de que ingrese al mercado formal.
La situación de Madre de Dios muestra, además, la diferencia entre la minería formal regulada y la extracción ilegal. Mientras los proyectos mineros legales deben someterse a permisos, controles ambientales, obligaciones laborales y mecanismos de fiscalización, las explotaciones clandestinas operan al margen de esas exigencias y trasladan buena parte de sus costos ambientales y sociales al territorio.
La expansión de estas actividades en la Amazonía peruana convierte al oro en el centro de una disputa que combina economía, seguridad, ambiente y trazabilidad de las cadenas de suministro. Por ahora, pese al incremento de los operativos, el Estado peruano continúa enfrentando dificultades para recuperar el control de los territorios donde la minería ilegal sigue avanzand
M&D con información de mining.com