El oro se mantiene cerca de los US$4.000, pero las acciones mineras continúan retrocediendo
El oro logró sostenerse en torno a los US$4.000 por onza, aunque atraviesa su peor desempeño semanal desde comienzos de junio. La caída del metal se produjo en un contexto de mayor volatilidad financiera, impulsada por el aumento del precio del petróleo, la escalada del conflicto entre Estados Unidos e Irán y las expectativas de que la Reserva Federal mantenga una política monetaria restrictiva.
En las últimas jornadas, el oro al contado recuperó parte del terreno perdido y volvió a acercarse a la barrera de los US$4.000 por onza, mientras que los contratos futuros negociados en Comex lograron superar nuevamente ese nivel psicológico. Sin embargo, la recuperación no alcanzó para revertir las pérdidas acumuladas durante la semana, que rondan el 3%, el mayor retroceso semanal registrado en más de un mes.
El escenario macroeconómico continúa condicionando la evolución del metal precioso. La prolongación del conflicto en Medio Oriente impulsó un fuerte incremento del precio del petróleo, que avanzó cerca de un 13% en cinco sesiones, reavivando las preocupaciones por un posible rebrote inflacionario. Esto fortaleció las expectativas de que la Reserva Federal mantenga elevadas las tasas de interés por más tiempo, un factor que suele restar atractivo al oro, ya que se trata de un activo que no genera rendimientos.
Analistas del mercado señalaron que, aunque los últimos datos de inflación en Estados Unidos habían dado cierto respaldo al precio del oro, ese impulso se desvaneció rápidamente tras el recrudecimiento de las tensiones geopolíticas y el avance del petróleo. Ambos factores volvieron a modificar las expectativas de los inversores respecto de la política monetaria estadounidense.
La corrección actual también refleja el ajuste posterior al fuerte rally que experimentó el metal durante los primeros meses del año. Desde el máximo cercano a los US$5.600 por onza alcanzado en enero, el oro acumula una caída próxima al 29%, una de las retracciones más pronunciadas registradas en las últimas décadas después de un ciclo alcista de esa magnitud.
La debilidad no se limitó al oro. La plata, el platino y el paladio también registraron bajas durante la semana, reflejando un retroceso generalizado de los metales preciosos. La plata, en particular, descendió hasta niveles que no se observaban desde hacía ocho meses, mientras que el platino y el paladio acumulan pérdidas superiores al 20% en lo que va de 2026.
El ajuste golpeó con mayor intensidad a las acciones de compañías mineras especializadas en metales preciosos. Aunque el precio del oro logró mantenerse cerca de un nivel históricamente elevado, las empresas del sector sufrieron caídas más profundas debido a las dudas de los inversores sobre la evolución futura del mercado y el impacto que podrían tener tasas de interés más altas sobre la demanda de estos activos.
A este escenario se suma una desaceleración de la demanda física y un menor dinamismo en los flujos hacia los ETF respaldados por oro, dos factores que habían impulsado el fuerte repunte del metal en meses anteriores. La combinación de menor demanda de inversión y un contexto financiero más exigente explica buena parte de la corrección observada en las últimas semanas.
Pese a la volatilidad, el mercado continúa siguiendo de cerca la evolución de las tensiones geopolíticas y las próximas decisiones de la Reserva Federal. Los analistas consideran que estos dos factores seguirán siendo determinantes para definir el comportamiento del oro y de las acciones mineras durante el segundo semestre del año.
M&D con información de Reporte Minero