2026-06-18

Exploración minera en Mendoza: el desafío de transformar la amplia cartera exploratoria en proyectos financiables

La provincia supera el centenar de iniciativas entre aprobadas y en evaluación, pero el desafío comienza a desplazarse hacia la generación de información geológica capaz de atraer capital en un mercado exploratorio cada vez más selectivo.

Por Edu Gajardo

Mendoza consiguió en pocos años construir la mayor cartera de proyectos de exploración minera de su historia reciente. Entre iniciativas aprobadas y en distintas etapas de evaluación, la provincia supera el centenar de proyectos y se prepara para incorporar nuevos activos a través del Distrito Minero Norte.

Sin embargo, el crecimiento de la cartera no está siendo acompañado por un avance exploratorio equivalente.

El principal factor que comienza a condicionar la velocidad del proceso ya no parece estar en la disponibilidad de áreas con potencial geológico ni en la capacidad de aprobar proyectos. La discusión se desplaza hacia otro terreno: la generación de información geológica en una provincia que pasó casi dos décadas sin construir nuevos activos exploratorios financiables.

Ese punto resulta relevante porque Mendoza intenta recuperar el tiempo perdido en un contexto internacional que se mueve en sentido inverso. Mientras la provincia busca generar una masa crítica de proyectos capaces de avanzar hacia perforación, el capital exploratorio global concentra cada vez más recursos en distritos conocidos, activos con información abundante y proyectos cercanos a descubrimientos o minas existentes.

Durante los últimos años el debate estuvo centrado en la posibilidad de habilitar proyectos. La etapa que comienza a abrirse ahora es distinta. La pregunta ya no es únicamente cuántos proyectos consigue aprobar Mendoza, sino cuántos de ellos lograrán acumular la información geológica necesaria para transformarse en activos capaces de competir por capital dentro de un mercado global cada vez más selectivo.

La aparición de nuevas herramientas orientadas al financiamiento exploratorio comienza a leerse bajo esa lógica. Iniciativas como Impulsando Exploraciones, Andean Bridge, Andean Capital Forum o Andean Metals Fund (AMF) no surgieron para responder a una falta de proyectos. Surgieron porque existe una brecha entre la aprobación de una propiedad minera y su capacidad para acceder a los mercados especializados de financiamiento. El desafío pasa por financiar la generación de información geológica que permita reducir incertidumbre, aumentar valorización y acercar esos activos a los estándares que habitualmente exigen los inversores y las bolsas especializadas en exploración minera.

Veinte años sin construir información geológica

La exploración minera funciona como un proceso acumulativo. Cada campaña incorpora datos, ajusta interpretaciones, redefine objetivos y permite comprender mejor el potencial geológico de una propiedad o de un distrito. Ese conocimiento es el que posteriormente alimenta nuevas perforaciones, programas de exploración avanzada, estimaciones de recursos y estudios económicos. Durante casi dos décadas Mendoza interrumpió buena parte de ese proceso.

Mientras otras jurisdicciones continuaron perforando, desarrollando campañas geofísicas, geoquímicas y programas regionales de exploración, la provincia dejó de incorporar información nueva sobre una parte importante de su territorio. El resultado comienza a observarse en la actualidad. Existe una cartera amplia de proyectos, pero la mayor parte de esos activos todavía necesita atravesar etapas básicas de generación de información geológica.

El efecto de ese retraso no se limita al conocimiento del subsuelo. También influye sobre la capacidad de acceder a financiamiento.

Los mercados especializados no evalúan únicamente potencial geológico. Evalúan información. Evalúan campañas realizadas, resultados obtenidos, modelos construidos y niveles de incertidumbre. Cuanta más información existe, menor es el riesgo. Cuanto menor es el riesgo, mayores son las posibilidades de acceder a capital.

Del proyecto aprobado al activo financiable

La diferencia entre un proyecto aprobado y un activo financiable aparece hoy como uno de los principales desafíos de la exploración mendocina.

La aprobación ambiental y legislativa habilita el desarrollo de trabajos exploratorios, pero no garantiza que un proyecto posea el nivel de conocimiento geológico necesario para competir por recursos dentro de los mercados especializados.

En la gran mayoría de los casos mendocinos, todavía no se discuten campañas extensivas de perforación. Antes aparecen mapeos geológicos, programas geoquímicos, estudios geofísicos, líneas de base ambientales, validación de objetivos y construcción de modelos geológicos preliminares. Esa etapa es precisamente una de las más difíciles de financiar.

Las compañías junior suelen buscar recursos en mercados como la TSX y la TSX Venture Exchange de Canadá, donde se concentra una parte importante del financiamiento exploratorio global. Allí los inversores analizan resultados verificables, programas de trabajo consistentes y reportes elaborados bajo estándares internacionales como el NI 43-101.

Para una parte importante de los proyectos mendocinos, el desafío actual consiste en recorrer ese camino. Generar la información necesaria para reducir incertidumbre, aumentar valorización y alcanzar niveles de desarrollo compatibles con los mercados donde habitualmente se financia la exploración minera.

Cuánto capital requiere reconstruir una cartera exploratoria

La magnitud del desafío puede observarse a través de una estimación conservadora en un ejercicio simple. Hoy una campaña inicial de exploración en alta montaña, considerando accesos, logística, servicios especializados, personal y un programa de perforación cercano a los 2.000 metros, puede requerir entre US$3 millones y US$4 millones. Este cálculo supone además que el proyecto ya cuenta con información suficiente para justificar los sondajes.

En el caso hipotético que se aplicara ese rango a una cartera de 100 proyectos, el capital necesario para poner en marcha una temporada de sondajes oscilaría entre US$300 millones y US$400 millones.

Si se toma como referencia la cartera actual de proyectos aprobados y en evaluación, el requerimiento supera ampliamente los US$400 millones y puede acercarse a los US$700 millones si se incorporan los proyectos previstos para el Distrito Minero Norte.

Se trata únicamente de programas iniciales de sondajes, no incluye exploración de varias campañas, ampliación de recursos, estudios económicos ni etapas posteriores de desarrollo.

La experiencia de PSJ Cobre Mendocino permite observar otra escala de inversión. El proyecto acumuló alrededor de US$62 millones en campañas y estudios antes de alcanzar etapas avanzadas de desarrollo.

Las estadísticas internacionales permiten agregar otra dimensión al análisis. Aunque la relación varía según la jurisdicción y el tipo de depósito, dentro de la industria suele utilizarse una referencia ampliamente aceptada: de cada cien proyectos explorados, aproximadamente uno alcanza la etapa de explotación.

Por esa razón la exploración requiere volumen. El objetivo no es que todos los proyectos de la cartera mendocina se conviertan en minas. El objetivo es generar suficiente información geológica para identificar cuáles poseen capacidad de avanzar hacia etapas superiores de desarrollo.

La pregunta deja entonces de ser cuántos proyectos tiene Mendoza y pasa a ser cuántos de esos proyectos lograrán generar información suficiente para transformarse en activos financiables.

Por qué aparecen nuevos mecanismos de financiamiento

En el contexto actual de Mendoza comienzan a entenderse distintas iniciativas impulsadas durante los últimos años. Impulsando Exploraciones, estructurado por la sociedad anónima estatal Impulsa Mendoza, busca canalizar recursos hacia proyectos que todavía no alcanzan niveles de desarrollo suficientes para acceder por sí solos a mercados especializados de financiamiento.

Impulsando Exploraciones fue estructurado como un Fondo Común de Inversión Cerrado con Oferta Pública bajo el régimen de la Comisión Nacional de Valores (CNV). El vehículo prevé una escala de capitalización de entre US$2 millones y US$100 millones, con suscripción en dólares y un horizonte de inversión de diez años, prorrogable. La propuesta busca canalizar capital privado hacia proyectos de exploración minera mediante mecanismos regulados del mercado de capitales.

La estructura contempla la participación de Max Asset Management como sociedad gerente responsable de la administración integral del fondo y de la ejecución de la política de inversión, mientras que Banco Comafi actúa como sociedad depositaria, con funciones de custodia y control de activos. Impulsa Mendoza interviene como asesor de inversión, aportando la evaluación técnica de los proyectos, el análisis geológico y la identificación de oportunidades dentro de la cartera provincial de propiedades mineras.

Una vez constituido el patrimonio mediante la suscripción de cuotas por parte de inversores, el fondo puede canalizar recursos a través de distintos instrumentos, incluyendo participación accionaria en sociedades titulares de proyectos, vehículos específicos de inversión, obligaciones negociables o financiamiento mediante mutuos.

Más allá de su estructura financiera, el instrumento refleja un diagnóstico que comenzó a consolidarse dentro del sector minero mendocino. La principal limitación para una parte importante de la cartera provincial ya no pasa por la disponibilidad de proyectos, sino por la dificultad para financiar las etapas que permiten generar información geológica, reducir incertidumbre y aumentar la valorización de los activos hasta niveles compatibles con mercados especializados como la TSX Venture Exchange de Canadá.

Andean Bridge

Dentro de la misma estrategia aparecen Andean Bridge y Andean Capital Forum, iniciativas orientadas a vincular proyectos de la región andina con inversores, fondos especializados y mercados de capitales vinculados a la minería.

También comenzaron a surgir iniciativas privadas como Andean Metals Fund (AMF), impulsado por Sofía Pescarmona, orientadas a invertir en etapas tempranas de exploración y valorización de activos mineros.

Aunque utilizan estructuras diferentes, todas estas herramientas parten de una misma necesidad: acelerar la transformación de proyectos aprobados en activos capaces de competir por financiamiento.

Distritos mineros y proyectos que avanzan por fuera del esquema

El esquema de distritos incorporó además una diferencia relevante respecto de otros proyectos que avanzan de manera independiente.

Dentro de Malargüe Distrito Minero Occidental y de los futuros desarrollos distritales, una parte importante del trabajo ambiental inicial es impulsado por el Estado provincial a través de Impulsa Mendoza. La elaboración de informes ambientales regionales, la construcción de líneas de base y distintos estudios territoriales permiten distribuir costos sobre un conjunto amplio de proyectos.

Fuera de ese esquema, los titulares deben financiar desde el inicio los estudios ambientales, las líneas de base y los trabajos necesarios para avanzar hacia un informe de impacto ambiental propio.

Esa situación puede observarse en proyectos de cobre, desarrollos vinculados al litio y también iniciativas asociadas al uranio que buscan avanzar en Mendoza. En estos casos, la necesidad de capital aparece incluso antes de la exploración propiamente dicha, porque buena parte de los costos regulatorios y ambientales iniciales deben ser afrontados directamente por los desarrolladores.

Una competencia que se juega fuera de Mendoza

Pero otra cosa que analiza Mendoza es que la competencia no es sólo interna. Cuando un fondo especializado evalúa oportunidades de exploración puede optar entre Mendoza, San Juan, Chile, Perú, Canadá, Australia o distintos distritos mineros distribuidos alrededor del mundo.

Según datos de S&P Global Market Intelligence, el presupuesto mundial de exploración minera alcanzó US$12.400 millones durante 2025. De ese total, aproximadamente US$2.570 millones corresponden a exploración generativa o grassroots, la etapa más temprana y riesgosa del negocio.

La tendencia global muestra además un cambio estructural. Hace dos décadas la exploración generativa representaba cerca del 40% del presupuesto mundial. En 2025 cayó al 21%, mientras que la exploración sobre activos conocidos, zonas brownfield y áreas cercanas a operaciones existentes pasó a concentrar cerca del 79% del gasto exploratorio.

Chile y Perú continúan captando una parte significativa de la inversión exploratoria latinoamericana. En Argentina, San Juan concentra buena parte de la actividad vinculada a los principales descubrimientos de cobre de los últimos años.

Mendoza busca reconstruir una masa crítica de activos exploratorios en un momento donde el mercado privilegia proyectos con información abundante y riesgo geológico más acotado.

La próxima etapa de la exploración mendocina

Mendoza consiguió reconstruir una cartera de proyectos que supera ampliamente el centenar de iniciativas entre aprobadas y en evaluación. La etapa siguiente consiste en transformar esa cartera en información geológica.

Ese proceso requiere campañas de campo, perforaciones, equipos técnicos y acceso a capital de riesgo. También requiere tiempo. La exploración es una actividad acumulativa y los resultados suelen medirse en años.

La discusión minera provincial comienza a desplazarse hacia ese terreno. La construcción de una cartera de proyectos fue una condición necesaria. La generación de activos financiables aparece ahora como el desafío que determinará la velocidad con la que esa cartera podrá avanzar hacia etapas más maduras de desarrollo.

Temas de esta nota
Te puede interesar